Trilogía Millenium, Stieg Larsson.

Bueno, ya casi me da apuro escribir después de tantos meses de ausencia bloguera. Por eso mismo he pensado hacerlo a lo grande y no hablando únicamente de una novela, no, sino de tres. Es mi pequeño homenaje a Stieg Larsson que espero que esté dónde esté pueda ver hasta donde han llegado sus novelas y su nombre. Un Van Gogh de nuestro tiempo que murió antes de poder disfrutar del éxito de su obra.
Dicen que la muerte es el olvido, yo desde aquí espero que se hable de ti mucho tiempo y que así vivas eternamente a través de tu obra.
Estas novelas son de esas que cuando te vas a dormir no puedes conciliar el sueño, te vienen los nombres de los protagonistas a la cabeza y la curiosidad de que ocurrirá unas páginas más adelante. Con el segundo estuve tan metida que decidí dejar de leer de noche porque cuando me iba a dormir solo hacía cavilar en lo que ocurriría después en vez de dormirme.

La primera novela de la saga se llama Millenium I: Los hombres que no amaban a las mujeres y trata sobre la desaparición de Harriet Vanger hace treinta y seis años sin dejar rastro. El caso está cerrado pero su tío Henrik Vanger, un empresario retirado, vive obsesionado con resolver el misterio antes de morir. Cada año en su cumpleaños recibe una flor seca y enmarcada, ya son 43, las primeras siete fueron regalos de su sobrina, las otras, llegaron de forma anónima desde que ella desapareció y desde lugares distintos del planeta.
Para intentar resolver el misterio, convence a Mikael Blomkvist, periodista de investigación, para que intente averiguar lo que le pasó realmente a Harriet, para ello contará con la colaboración inesperada de Lisbeth Salander, una menuda y peculiar investigadora, socialmente inadaptada, tatuada y llena de piercings pero con grandes dotes como hacker.

En la segunda novela, Millenium 2: La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina,  Lisbeth se toma un tiempo y se aleja de Mikael, que no entiende porqué ha desaparecido de su vida sin dar ningún tipo de explicación. Ahora él se encuentra inmerso en un reportaje apasionante sobre el tráfico y la prostitución de mujeres del Este.
Sin saber cómo ni por qué Lisbeth se encuentra en busca y captura por el asesinato de una pareja que da la casualidad están vinculados laboralmente con la revista de Mikael. Sus fotos están en todos los periódicos y sus huellas en el arma homicida...


La tercera novela es una continuación de la anterior y se titula Millenium 3: La reina en el palacio de las corrientes de aire, en la que el lector podrá conocer qué pasó con Lisbeth ya que en el libro 2 acabó con una bala en el cerebro. Desde el hospital, ella hace esfuerzos para mantenerse alerta, el peligro sigue acechándola y sabe que sus habilidades informáticas serán, una vez más, su mejor defensa.
Mientras tanto Mikael investiga las oscuras razones que están tras el complot contra Salander, sabe que no puede dejar en manos de la Justicia la vida y la libertad de Lisbeth, demasiada corrupción y demasiado empeño en dejar el pasado guardado en una carpeta con el nombre del padre de Lisbeth y su verdadera identidad.

Noomi Rapace (Lisbeth)
Maravillosas novelas e incluso maravillosas adaptaciones al cine de mano de la industria cinematografica sueca con actores suecos desconocidos y ahora nueva adaptación de mano del cine norteamericano con superestrellas. Una manera de rizar el rizo para intentar mejorar lo inmejorable, desde mi punto de vista, pero que al final comete el mismo error que la primera: en Millenium 1 se repite hasta la saciedad que Harriet Vanger era morena, a qué poner una actriz rubia, pues van los norteamericanos y repiten con otra rubia. En fin, sea como sea la nueva versión tengo que decir que mi Lisbeth tiene el rostro de Noomi Rapace.



Viriato, de pastor a líder.

Después de varios meses de sequía intelectual quiero retomar el blog hablando de un paisano mío: Viriato.

Viriato fue para los hispanos lo que Vercingétorix para los galos, con una significativa diferencia: Vercingétorix murió a manos de los romanos después de ser apresado, trasladado a Roma y desfilado en los triunfos de Julio César, Viriato murió a manos de sus propios compañeros mientras dormía. Empecemos pues a conocer un poco más cómo fue la vida de este pastor convertido en líder.

No se sabe con certeza ni cuándo ni dónde nació Viriato, unos que en Portugal otros que en España, lo que sí ha llegado a nosotros es la imagen que de él se formó convirtiéndole en leyenda, así, según Apiano, Viriato fue el líder «que mayores dotes de mando había tenido entre los bárbaros y el más presto al peligro atrevido (...) y el más justo a la hora del reparto del botín.», lo que hizo que durante los ocho años de guerra su heterogéneo ejército no se le rebelara jamás y fuera «el más resuelto a la hora del peligro».

Lo que en aquel entonces se conocía por Lusitania, comprendía gran parte de Portugal, Zamora, Ávila, Salamanca, Toledo y Extremadura.

En el 150 a. C. en plena conquista de Hispania, Servio Sulpicio Galba mandaba las tropas romanas que luchaban duramente contra la última resistencia lusitana. Viendo los lusitanos que sus tierras estaban en peligro se reunieron con los romanos para dialogar y llegar a un acuerdo. Todos los lusitanos fueron masacrados menos unos pocos, entre ellos Viriato.

Luchando a la defensiva durante años, era hora de atacar. Estando cercados en Turdetania (región que abarcaba el valle del Guadalquivir desde el Algarve hasta Sierra Morena) por Cayo Vetilio, Viriato se ofreció a sacarlos de la ciudad a cambio de que siguiesen sus órdenes, así fue como se convirtió en el líder. Se lanzó contra el ejército romano para retroceder cuando los romanos se preparaban para el combate. Aprovechando el desconcierto creado por la iniciativa los lusitanos pudieron romper el cerco por varios puntos simultáneamente. La victoria lograda por Viriato le dio el mando de la confederación de tribus y durante varios años lucharon a sus órdenes.

En los días posteriores continuaron usando esta táctica y acabaron matando al cónsul Cayo Vetilio. En las siguientes campañas vence a Cayo Plaucio, Claudio Unimano y C. Nigidio pero poco tiempo después aparece en escena Quinto Fabio Máximo Emiliano que con sus tropas y su experiencia militar obliga a Viriato a replegarse y perder parte del terreno ganado al sur de la península.

Viriato pone en marcha la diplomacia y consigue que varias tribus se unan a él y le declaren la guerra a los romanos. Viriato recupera el terreno perdido.

Llega Quinto Fabio Máximo Serviliano con tropas y elefantes lo que obliga a Viriato nuevamente a replegarse. Como hiciera un par de años atrás, convence a otras tribus para que se unan a él y luchen contra los romanos por la retaguardia, el ejército romano retrocede y Viriato ataca de nuevo. Serviliano se ve acorralado y Viriato aprovecha para sacarle un tratado de paz a cambio de su vida. Los romanos reconocen a Viriato como líder de los lusitanos y le otorgan el título de amigo del pueblo romano.

Poco después de dejar libre a Serviliano el Senado reconoce el acuerdo y formalmente firman la paz con el ejército lusitano en el año 140 a. C.

A pesar del acuerdo, los romanos querían desembarazarse de Viriato, y por eso, en el año138 a. C. sobornaron a Audax, Ditalcos y Minuros para que lo asesinaran. Y así, en su campamento, entre su gente, mientras dormía, fue asesinado Viriato. Cuando los traidores regresaron al campamento romano para recoger su recompensa, el actual cónsul Servilio Cepión, sucesor y hermano de Serviliano, les respondió: «Roma traditoribus non praemiat», o lo que es lo mismo, "Roma no paga a traidores".

Tuvo un magnífico funeral. Dice la tradición que los restos de Viriato fueron trasladados a Cuenca donde fue incinerado sobre el Tormo Alto de la "ciudad encantada". Tras esto sus cenizas fueron mezcladas con las de su mujer y esparcidas en la montaña por Marcial. Otra leyenda cuenta que Viriato fue incinerado en Azuaga (Badajoz), estando sus cenizas bajo el castillo de la localidad (El mirador de Viriato).

El sucesor de Viriato, Tautalo, fue obligado a firmar la paz. Finalmente el cónsul Marco Popilio Laenas entregó a los lusitanos las tierras que habían sido la causa de la larga guerra. Sin embargo, la pacificación total sólo se logró en tiempos de Augusto.







El origen de la Navidad.

Ya había leído algo sobre el nacimiento de la Navidad y el porqué de que se celebre precisamente el 25 de diciembre, pero después de investigar un poquito más creo que a partir de hoy veré la Navidad con otros ojos, unos ojos más "místicos" y un poco cabreada una vez más por la manera en que la Santa Iglesia Católica trastoca las cosas a su conveniencia.

Comenzaré aclarando lo de la fecha. Nadie estaba seguro de la fecha en que había nacido Jesús, en diciembre y enero se daban, y se dan, las temperaturas más bajas y las precipitaciones más altas de tal manera que resultaba imposible que los pastores durmieran a cielo descubierto mientras cuidaban el ganado, según escribió San Lucas, pues durante esta época, incluido febrero, hombres y ganado pernoctaban bajo techo. Era entonces absurdo que el censo de población ,decretado por Quirino, gobernador de Siria,  se llevara a cabo durante estas fechas, en medio del frío, la lluvia, y los caminos anegados y resbaladizos que harían imposible la caminata a sus lugares de origen, como es el caso de José y María.

Así pues, se comenzó a especular con las fechas: 16 ó 20 de mayo, 9, 19 ó 20 de abril, 29 de marzo o 29 de septiembre. Hasta que en el año 334 el Papa Julio I dictaminó que Jesús había nacido el 25 de diciembre ¿Casualidad? Que va, todo tiene un porqué. Coincidía con las festividades que se realizaban durante el solsticio de invierno: las ceremonias vikingas en honor de Odín, las Saturnalias romanas, el nacimiento del dios Indoiraní Mithra, etc. En fin en esos días en que se celebra el solsticio de invierno, en muchas culturas antiguas se celebraba el que los días se alargasen y se rendía el culto al sol renaciente. Los romanos celebraban su culto al dios Saturno durante 17 días de banquetes, baile y regalos. El 25 de diciembre, cumpleaños de Mitra, dios del Sol, que originalmente era el dios babilonio de la luz, llegó a ser el punto culminante de las celebraciones que duraban una semana.
En un esfuerzo por convertir a los paganos y recobrar a los que se habían apartado y habían adoptado tales prácticas mundanas, la Iglesia Romana, a mediados del cuarto siglo, ‘cristianizó’ el cumpleaños de Mitra y adoptó la fecha y las costumbres asociadas con ese día, pero lo designó como la celebración del nacimiento de Jesucristo. Así nació la Navidad. Seguro que solo le falto decir: "Y punto en boca". Lo siento, es que estas cosas me crispan un poco.

No creais que todo acaba aquí, el árbol de Navidad también tiene su origen "divino".
Muchos pueblos les rendían culto a un puñado de árboles considerados sagrados por distintos motivos. El más común, desde Grecia hasta Noruega era el roble, pero con el devenir del cristianismo se cambió el inconmovible roble por el abeto pues, según los misioneros, la forma triangular de la enramada correspondía al Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Este tres mágico caló muy bien en todas partes ya que era un número venerado por muchos pueblos miles de años antes de la venida de Jesús, y de esta manera bastante singular se impuso el abeto y luego el pino. Algunas estudiosos atribuyen el origen del árbol de Navidad a Bonifacio, puesto que él convenció a los alemanes del octavo siglo de que abandonaran su adoración de las encinas sagradas. Según la leyenda, cuando él cortó una de las encinas sagradas de ellos, un abeto joven creció en su lugar. Bonifacio dijo a los recién convertidos que el abeto sería el árbol sagrado de ellos... el árbol de Cristo.
Otros creen que el árbol de Navidad vino del árbol del paraíso, popular en la Alemania medieval. El árbol ocupaba el centro del escenario en la obra de teatro sobre el paraíso en honor de los “santos” Adán y Eva, cuya fiesta se celebraba el 24 de diciembre. El árbol se decoraba con manzanas y obleas.

Hablemos ahora de Papá Noel. Originalmente se le llamaba Padre Invierno, no se sabe cómo, con el paso del tiempo fue confundido con San Nicolás, un hombre sumamente rico nacido en lo que hoy es Turquía y famoso por su generosidad con los más pobres, en especial con los niños. A aquel hombre que se transformó en obispo y más tarde en santo, los holandeses le tomaron particular cariño y lo llamaron en su lengua Sinter Klaas (San Nicolás), y con este nombre pasó a América, más específicamente a Nueva Ámsterdam, que luego los ingleses llamarían Nueva York. Con el tiempo y las aguas navideñas, Sinter Klaas se transformó en el conocido Santa Claus (Jo Jo Jo), es decir: Papá Noel, esto es, el Padre Invierno remasterizado.
Se cuenta que, siendo ya obispo San Nicolás, se enteró de que un residente de la localidad no tenía dinero para las dotes de sus tres hijas, él secretamente tiró piezas o monedas de oro en el hogar de ellos por una ventana o un agujero que había en el techo para la salida del humo. Supuestamente el oro cayó directamente en unas medias que se habían colgado cerca del fuego para que se secaran. Así pudo comenzar también la tradición de los regalitos dentro de los calcetines. El resto, eso del traje rojo, los mofletitos y los kilos de más ya es fruto de la imaginación.


En fin, ¿qué más puedo decir? ¡¡Que me quedo con los Reyes Magos que esos sí que fuese en la fecha que fuese sí que estuvieron ahí!!
Para terminar, felices fiestas, que os traigan muchos regalitos y que el año nuevo venga cargadito de salud, amor y felicidad para todos.

Noche mágica, noche de brujas... 31 de octubre.

Desde la antigüedad todo lo relativo a la muerte ha estado rodeado de un halo de misterio y magia. Aun hoy cuando se acerca el día de los difuntos lo comprobamos por donde quiera que vayamos: pasteles especiales para este día, multitud de flores y cómo no Halloween.
La fiesta de Halloween se ha ido instalando en nuestras ciudades y poco podemos hacer ya para resistirnos, los niños tiran de nosotros y nos vamos adaptando a las nuevas modas.
Al acercarse el día de los difuntos quiero recoger en mi blog algunos mitos, leyendas y personajes tanto mitológicos como de la tradición popular, esas historias que me impresionaron de pequeña y hoy me fascinan por su encanto y misterio. Espero que os gusten.

Caronte, el barquero de la laguna Estigia

Según la mitología griega, cuando alguien moría debía cruzar la laguna Estigia, para ello necesitaban la ayuda del barquero, Caronte. Destinado para tal fin. Caronte trasportaba las almas de un lado al otro de la laguna a cambio de una moneda, si el difunto había sido enterrado sin ella éste los rechazaba y quedaban atrapados entre los dos mundos. Por ello en la antigua Grecia,  tan arraigada estaba la creencia de que se encontrarían ante la laguna Estigía y tendrían que pagar su pasaje, que cuando se incineraba a la gente o bien se le ponían dos monedas, una en cada ojo, o bien una en la boca. Caronte conduce la barca fúnebre, pero no la rema, ya que son las propias almas quienes se encargan de ello. Su trato para con ellas es tiránico y brutal.

Tradiciones:

En determinados lugares de Castilla existe la creencia de que los difuntos salen de sus tumbas la noche del 2 de noviembre y maltratan a los vivos que se han atrevido a salir a la calle. En Zamora sigue viva la tradición de la procesión de las ánimas, en la que la cofradía del mismo nombre desfila la noche del 2 de noviembre por las calles del cementerio mientras se reza el rosario a la luz de las velas. Ese día, en Galicia, las ánimas asisten a los sufragios de Difuntos que se celebran en las parroquias.

En Alicante hay una superstición que consiste en poner velas encendidas en las casas durante los días previos a la noche de Difuntos, para que las almas encuentren su camino.
En Tajuelo, en la provincia de Soria, se lleva a cabo el Ritual de las Ánimas al anochecer del día 1 de noviembre. El toque de muertos de las campanas acompaña al vecindario durante todo el proceso. Hay tres grupos: casados, solteros y resto de población. Los dos primeros grupos son los protagonistas principales puesto que son los encargados de ir cantando, salteándose las estrofas, el llamado Cántico de las Ánimas que leen a la luz de las velas en cuatro enclaves de la localidad. Al terminar cada Cántico todos rezan un padrenuestro que inicia el párroco, rezo en el que son acompañados por el tercer grupo que presencia a unos metros a los dos coros y que portan sobre las manos velas protegidas por botes, calabazas o cacharros de barro agujereados.
Al término de cada Cántico resuena por tres veces la campanilla y al finalizar el ritual, el sacristán reparte bollería y vino entre los asistentes.
Lo que no se puede negar es que en España la festividad se ha convertido en un recordatorio de quienes se fueron y en un disfrute de los paladares de los que seguimos aquí: huesos de santo y buñuelos (en toda España), postre de gachas (en Jaén), castañas asadas (en Galicia y Castilla), arrope y calabazate (en Murcia), rosquillas de anís y patatas asadas (en Salamanca), arroz y talladetes (en Alicante), borrachillos (en Andalucía), panallets ( en Cataluña) y rosaris (en Mallorca) son sólo algunos ejemplos de lo que se cuece por estas fechas.

En México y en muchos paises latinos, se tiene la costumbre de visitar los sepulcros y realizar actividades cuasi-festivas: se ornamentan los camposantos; se rinde culto al árbol de la vida; se consumen calacas de azúcar o cabezas de esqueletos que llevan en la frente el nombre de quien recibe el obsequio y, finalmente, se recuerda a los familiares.


La procesión de las Ánimas

La Procesión de las Ánimas, o la Santa Compaña, era como una procesión de almas en pena, vestidas con túnicas con capucha que vagaban durante la noche. Normalmente iban en dos hileras, generalmente envueltas en sudarios, por lo tanto vestidas de blanco o de negro, con las manos frías y los pies descalzos, vagaba noctámbula por los cerros, deambulaba por los caminos, portaban algo en sus manos: una luz, una vela, un candil, incluso huesos encendidos o pequeñas campanas que iban tañendo, un olor a cera y un ligero viento eran las señales de que estaba pasando la legión de espectros. Al frente iba un espectro de mayor tamaño. Cuentan que delante de todos ellos caminaba un vivo que portaba  una cruz y un cubo de agua bendita. Si alguien tenía la mala suerte de tropezarse con esta tétrica compañía, se veía obligado a sustituir al vivo y continuar el camino con ellos hasta que se encontrasen con otro desgraciado que le sustituyese. Dicen que estas personas no recordaban nada de su deambular nocturno durante el día pero que tales salidas nocturnas le iban mermando en salud acabando finalmente formando parte de la comitiva de manera definitiva, osea que tal sin vivir lo llevaba a la muerte.
La Santa Compaña, se solía aparecer en una encrucijada o cruce de caminos aunque no siempre era así.

Se sigue con la idea de que quien se la encuentra es que le queda poco tiempo de vida; en ocasiones llevan un ataúd en el que va un familiar del que presencia el paso; el que va en el ataúd no tardará en morir.

Una leyenda que no puedo dejar de mencionar aquí pero que no puedo relatar, por ser muy extensa ya esta entrada, es una de Gustavo Adolfo Becquer titulada "El monte de las Ánimas". Es un relato escalofriante y tan descriptivo que parece escuchar el viento silvando a través de las puertas y ventanas.....




Atila, el azote de Roma.

"Era arrogante en el porte y movía los ojos de un lado a otro para que el poder de su espíritu orgulloso se manifestara incluso en cada movimiento de su cuerpo. Aunque era amante de la guerra, sabía dominar sus actos. Era sumamente juicioso, clemente con quienes suplicaban perdón y generoso con los aliados. De estatura era bajo, ancho de pecho, de cabeza grande y ojos pequeños; la barba la tenía poco pobloda, los cabellos canosos, la nariz aplastada y la tez oscura, rasgos éstos que denotaban su raza. Aunque por naturaleza siempre abrigaba grandes esperanzas de éxito, su ambición creció al encontrar la espada de Marte, considerada sagrada por todos los reyes de Escitia." De este modo describe el historiador Jordanes al caudillo que iba a convertirse en una auténtica pesadilla para Roma. Su ambición no podía ser satisfecha compartiendo el reino con un hermano menos ambicioso que él e incapaz de entrever el glorioso futuro que se abría ante ellos. Por eso lo asesinó después de ocho años de gobierno conjunto. Convertido en soberano único, Atila se dispuso a desarrollar el gran potencial del reino que comenzaba a nacer. En primer lugar, debía afianzar su posición como gobernante único, para lo cual necesitó de escribas y burócratas que difundieran sus órdenes por todo el reino. Desplazó a la vieja nobleza y la sustituyó por los llamados "Escogidos" que prodigaban a Atila una fidelidad absoluta.
Con todos ellos y con sus súbditos como coparticipes de su obra, comenzó a moverse.

Atila infundía tanto terror a sus enemigos como a su propio pueblo. Pero ningún reino puede sustentarse únicamente con el miedo así que Atila recurrió a la religiosidad de los hunos. Augures y adivinos interpretaban para él los signos de la naturaleza, cuando no lo hacía por sí mismo. Cuando encontró la espada perdida del Dios de la Guerra no le quedaron dudas: había sido elegido Señor de todo el Universo.

Los planes de Atila comenzaban con dominar Occidente, herido de muerte tras las invasiones bárbaras. Para ello se prestó a defender el Imperio de Occidente del reino visigodo recién fundado en las Galias (450). Pero percatándose del engaño rechazaron el ofrecimiento e hicieron otras alianzas con enemigos más conocidos para los romanos como son los visigodos. Empecinado en esa empresa, Atila partió atravesando el Rin, alcanzó la Galia con la intención de destruir el reino visigodo y reclamar para sí aquellas provincias en calidad de copartícipe del Imperio. A su encuentro salió Aecio, que había sido el principal valedor del pueblo huno ante Roma, quién había conseguido concertar la mayor alianza romano-bárbara conocida hasta la fecha, a la cual se sumaron los visigodos, además de contingentes menores de burgundios, francos, sajones, alanos y armoricanos.

La batalla tuvo lugar el 20 de junio de 451 en los Campos Cataláunicos, en las proximidades de la localidad francesa de Châlons-surMarne. Atila se lanzó al combate a pesar de los malos presagios que le auguraban una derrota que sólo sería compensada por la muerte de su rival. Los augurios se cumplieron: los romanos y los visigodos habían aprendido a contrarrestar las tácticas de los hunos y los obligaron a refugiarse en el círculo que sus carros formaban. Viendo cercano su fin, Atila mandó levantar una pira para inmolarse en ella antes de caer prisionero. Pero Aecio no deseaba la aniquilación de los hunos, pues maquinaba hutilizarlos en el futuro contra los propios visigodos. Por eso convenció a éstos de que se retirasen y permitió la huida de Atila. Como agradecimiento, Atila invadió Italia.

No se sabe qué empujó a Atila a invadir Roma pero existen algunas hipótesis. Una de ellas alude a un oscuro episodio en el que estaba involucrada Honoria, la hermana del emperador occidental Valentiniano III. Según cuenta una tradición, ella le envió a Atila una carta acompañada de cierta cantidad de dinero y de su anillo imperial. En la carta la princesa le pide que la libre de su matrimonio, concertado por su hermano, con el senador Flavio Baso Herculano. Atila, sorprendido sobre todo por el anillo, la habría reclamado entonces como esposa y, ante la negativa de Valentiniano, decidió invadir Italia.
Lo que sí es cierto es que un ejercito necesita dinero y Atila necesitaba victorias que se lo diera, quizá pensó que podría obtenerlo destruyendo Roma.

Atila dedicó la primavera de 452 a tomar las ciudades del norte del Po, algunas como Aquilea, Padua, Verona, Brescia y Bérgamo, fueron arrasadas. Sólo Milán, de la que tambiñen se adueño, mereció su clemencia. El emperador Valentiniano III, incapaz de defender a sus súbditos, vivía refugiado en Ravena, la capital del imperio por aquel entonces. Pero Atila no se decidía a atacar Roma. Supersticioso como era, sus augures no advertían signos propicios, y estaba aún reciente el ejemplo de Alarico, el rey visigodo que murió repentinamente poco después de saquear Roma en el año 410. Cuando finalmente se decidió, el papa León I le salió al paso. Nada se sabe de lo que hablaron a orillas del río Mincio, cerca de Mantua, pero a su fin el "Señor de todo el Universo" ordenó a sus fieles el regreso a sus territorios.

Atila sobrevivió poco tiempo a su encuentro con León I. Retirado a sus cuarteles de invierno, contrajo nuevo matrimonio con una joven germana, de nombre Idilco. Murió la misma noche en que se celebraron los esponsales, ahogado en su propia sangre. Al parecer sufría periódicas hemorragias nasales sin importancia, pero en aquella ocasión, ebrio y dormido boca arriba, el flujo sanguíneo lo había asfixiado. Su extraña muerte, acaecida sin violencia alguna y sin sufrir los males propios de la vejez, fue tenida por un signo del favor divino del que siempre había gozado.

Al morir su rey, todo su reino se desmenbró. Sus numerosos hijos se dividieron el reino, mas ninguno de ellos poseía su carisma. Los pueblos sometidos aprovecharon la devilidad de los hunos y recobraron su libertad.

Como anécdota añadiré que cuenta la leyenda que en su encuentro con el Papa Leon I, san Pedro y san Pablo, armados , estuvieron al lado del pontífice durante toda la conversación. Sea como fuere, tras aquella charla Atila desistió de la conquista de la Ciudad Eterna, lo que se dijero ¡ay, qué más quisiera yo saberlo!
Otra curiosidad es que a la muerte del gran Rey los soldados comenzaron a cortarse la piel con sus propias espadas, puesto que el más grande de los guerreros no podía ser llorado con lágrimas sino con sangre. Tras enterrarlo en un lugar secreto y siguiendo una costumbre de la época entre los pueblos del Norte, los soldados que habían buscado un lugar secreto para el entierro aceptaron gustosas suicidarse y así no desvelar jamás la ubicación de la tumba. Hoy en día aún sigue siendo un misterio donde está enterrado Atila.

Decir que seguramente Atila se habría imaginado una muerte más gloriosa, una muerte en batalla a lomos de su caballo como suelen desear los grandes militares, en fin una muerte sin sufrimiento tampoco es una mala muerte.