Diógenes de Sínope. Anécdotas.
Estando yo en segundo o tercero de la antigua E.G.B (educación general básica), teníamos un libro de lectura. En él había historias maravillosas, sobre todo para una niña de 8 años, estaba la de Ulises y como consiguió engañar al cíclope y escapar con sus hombres de la cueva tapados con las pieles de las ovejas, y la de un antiguo rey español, Don Rodrigo, aunque esta la recuerdo más difusa. Una de las historias que más me asombraron y divirtieron fue la del encuentro del personaje que me trae hoy aquí con Alejandro Magno, aun hoy la recuerdo y he querido compartirla.
Diógenes (413-327 a C. aproximadamente), también conocido como Diógenes el del tonel, era filósofo de la escuela Cínica y, por lo que he leído sobre él, todo un rebelde. Despreciaba la geometría y la música, su ideal de vida era una vida solitaria, desnudo y con un tonel como única vivienda, renunciando a toda comodidad que la sociedad de la época pudiese tener. Despreciaba el lujo y criticaba las diferencias sociales, mirando con indiferencia a los poderosos. Y así, con esta indiferencia, se encontraba un día tomando el sol plácidamente apoyado contra su adorado tonel-casa. De pronto sintió que algo se interponía entre él y el astro rey, abrió los ojos y se encontró con un apuesto joven:


-"Yo soy Alejandro Magno". -dijo el joven-


-"Y yo Diógenes el cínico". -respondió el filósofo-


-"¿Puedo ayudarle de algún modo?


-"¿Puedes apartarte para no quitarme la luz del sol? No necesito nada más.


Dicen que Alejandro quedó tan impresionado por la respuesta de aquel hombre que se marchó diciendo: "Si yo no fuera Alejandro, querría ser Diógenes". Según la tradición, murió en Corinto el mismo día que Alejandro.

Un día se encontraba comiendo lentejas cuando apareció frente a él el filósofo Aristipo, que vivía confortablemente de hacerle la pelota al rey. Éste le dijo que si aprendiera a ser sumiso al rey no tendría que comer esa basura de lentejas, a lo que Diógenes respondió: "Si hubieras aprendido tú a comer lentejas, no tendrías que adular al rey"

Tenía por costrumbre caminar por Atenas a plena luz del día con una lampara encendida, cuando alguien le preguntaba el por qué, él respondía: "Busco un hombre honesto sobre la faz de la Tierra".

En la ocasión en que fue secuestrado por piratas y puesto a la venta como esclavo le preguntaron qué sabía hacer, respondió: "Mandar, comprueba si alguien quiere comprar un amo".

En otra ocasión lo invitaron a una lujosa mansión, advirtiéndole antes de entrar no escupir en el suelo, acto seguido le escupio al dueño en la cara aludiendo que no había encontrado un sitio más sucio donde hacerlo.

Después de leer estas y más cosas que he ido encontrando, me reafirmo en un dicho popular: "No es más rico el que más tiene sino el que menos necesita"



Almodis de la Marca.
Quiero hablar hoy de una mujer extraordinaria, que no supo rendirse ante la adversidad. En un tiempo en que la mujer era poco más que un animal de compañía y valía lo que valiese su dote, ella supo sobreponerse a dos repudios, sabiendo o intuyendo que lo mejor estaba por venir.

Debo decir antes de seguir que hace un mes yo no tenía ni idea de quién había sido esta señora y si ahora lo sé es gracias al último libro que he leído y que me ha regalado una personita muy encantadora, Reina sin espejo. El libro se llama "Te daré la Tierra" de Chufo Llorens y está ambientado en la Barcelona del siglo XI, pero ya hablaré de él más adelante.

La vida de esta mujer que llegó a ser condesa de Barcelona y más, me ha recordado por lo intensa a la de Leonor de Aquitania, de la que ya hablé qunque de Almodis se saben menos cosas, la verdad.

Nacida en 1920 y fallecida en Barcelona el 1 de noviembre de 1071, en el año 1038 se casa con Hugo V de Lusignan y tuvieron un hijo. Poco después el matrimonio fue anulado por motivos de consanguinidad. En el año 1039 se vuelve a casar, esta vez con Porce III de Tolosa, conde de esa región y le da 4 hijos.

Pero el destino, que es caprichoso, quiso que el conde de Barcelona Ramón Berenguer I a la vuelta de una de sus partidas para mantener la paz en las fronteras de su condado tuviera que hacer noche en el castillo de Tolosa, y como entre nobles se debían esta cortesía pues le dispensaron todas las comodidades. Ramón Berenguer se enamoró perdidamente de Almodis y planearon su secuestro a través de criados fieles. Ramón repudió a su segunda esposa, Blanca la cual se unió a la abuela del mismo, Ermesenda de Carcasona (de armas tomar, ya hablaré de ella) y acudieron al Papa Victor II, tan compungidas fueron ante él que excomulgó a los dos amantes lo que provocó incluso una guerra que duró hasta 1057.

Almodis, bella, inteligente y cultivada supo ganarse a la gente, se involucró en las tareas de gobierno e incluso cuentan que le acompañó a la guerra. Tuvieron 4 hijos, dos niños gemelos y dos niñas.

A todos se ganó menos al primogénito de su marido, Pedro Ramón, habido de su primer matrimonio con Isabel de Nimes, que lo convirtió en joven viudo. Esta enemistad la llevaría a la tumba ya que la asesinó en 1071 por pretender anteponer los derechos dinásticos de sus gemelos.

Adjunto una foto de los sepulcros de los enamorados en la catedral de Santa Eulalia en Barcelona.
"Juanita La Larga" de Juan Valera.
Tengo la suerte de que cuando una novela me engancha, me veo absorbida por ella y me convierto en espectadora de primera línea de todo en lo que en ella acontece, una especie de mujer invisible entre sus protagonistas, la vecina cotilla a la que nadie ve. Esta cualidad se convierte en casi una desgracia si me ocurre lo mismo que cuando leí "El Perfume", que acabé uno de sus capítulos con la nariz embotada de tanto oler... fue como cuando entras en una perfumería y no sabes qué perfume escoger, te pruebas mil y al final ya ni hueles ni compras ni te gusta ninguno, pues así acabé yo, cabe decir que no es solo por esta capacidad mía para sumergirme en la lectura, sino más bien y sobre todo a las magníficas dotes descriptivas de su autor, Patrick Suskind.

Bueno, todo lo anterior viene a colación porque lo mismo que "El Perfume" me hizo disfrutar y padecer de mil fragancias, "Juanita La Larga" me transportó a los veranos, olores y colores de mi niñez. Dicho así parece que hablo desde la ancianidad pero teniendo en cuenta lo corta que es la infancia ya se puede mirar atrás desde los dieciocho, los treinta o los cincuenta, siempre se hará con una mezcla de añoranza y felicidad al recordad aquellos días.


Siempre he vivido en Andalucía y mi niñez transcurrió en aquellos días en los que todavía se veían niños jugando en las calles y todos los vecinos se conocían. Podías estar todo el día jugando en la calle subiendo a casa solo lo que se tarda en comer y poco más y no pasaba nada.

Esta novela me transportó en cierto modo a esos días, los días en los que la primavera y el verano se confunden, los días de terral en los que al atardecer se ven las nubes de mil tonalidades rojizas, el inconfundible aire cálido anunciando las inminentes vacaciones de verano.


Aunque su autor no menciona pueblo alguno, en esta novela se sabe que su historia transcurre en un pueblecito de Andalucía a finales del siglo XIX y el eje central de la trama son los amores de un apuesto cincuentón bien situado, Don Paco, hacia una joven, Juanita. Tanto Juanita como su madre se dedican a la costura y aunque en un principio nadie miraba con buenos ojos a la madre de esta porque llegó al pueblo embarazada y sin marido conocido, poco a poco se fue ganando a sus vecinos con su buen hacer tanto en la cocina como en la costura.

En Primavera y verano, al atardecer, bajaba Juanita a la fuente a por agua, más por distracción que por necesidad, y cada día estaba Don Paco en el poyete que había junto a ella de tertulia con el escribano, el boticario y todo el que se sumase a la charla, y aunque, siendo viudo, no se le había pasado por la cabeza un nuevo casamiento, sus ojos empezaron a fijarse en Juanita. Dándose cuenta de la diferencia de edad, él mismo intentó quitárselo de la cabeza, pero empezó a sentir algo más que admiración hacia ella, dentro de sí se debatía si ella al conocer sus sentimientos se reiría de su cariño o que simplemente accedería a dárselo todo por puro interés, por otro lado estaba su madre que aunque la había criado con mucha libertad tampoco la perdía de vista. De este modo pasaba los días Don Paco, cual adolescente pasando cada día más de lo necesario por delante de la casa de Juanita y haciéndose el encontradizo cuando la joven regresaba de la fuente. Para relacionarse más, le encargó camisas a su madre, trajes y demás, vamos que por estar cerca de Juanita renovó todo el vestuario y la gente empezó a murmurar que Don Paco estaba interesado en Juana, la madre de Juanita.


No voy a contar nada más pero este es solo el comienzo. Es una obra muy graciosa y con mucha picaresca, merece la pena leerla.

Gustavo Adolfo Bécquer.
Antes de comenzar, quiero dedicar esta entrada a Reina sin espejo por alentarme y animarme a escribir algo ya en el blog al que tengo abandonado (en contra de mi voluntad) desde hace bastantes semanas. Gracias monina.
No soy una experta en poesía, lo único que sé es que me encanta Bécquer desde que era una niña y oía a mi hermana mayor, ya entrada en la “edad del pavo”, recitando sus versos:


¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul;
¡qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía... eres tú.

Para mí, poesía es sinónimo de amor y de belleza. Para mí, poesía significa Bécquer. Muchos se pondrán las manos en la cabeza ante tanta simplicidad pero, en fin, sobre gustos no hay nada escrito...

Mi poeta favorito se llamaba en realidad Gustavo Adolfo Domínguez Bastida y nació en Sevilla en 17 de febrero de 1836. Aún siendo joven se trasladó a Madrid con su hermano Valeriano, aunque la mediocridad que se respiraba ahí no le fue muy propicia y vivió ignorado, solitario, pobre y por fin enfermo. Consiguió un empleo administrativo, pero su jefe lo descubrió escribiendo versos en horas de trabajo y lo despidió. Al borde de la miseria, consiguió subsistir gracias a algunas colaboraciones en revistas y periódicos. Después de vivir un gran amor, frustrado por la tuberculosis que lo llevaría a la tumba, contrajo matrimonio con Casta Esteban (lo de casta solo lo tenía de nombre), le fue infiel, no le comprendió, le dio tres hijos y lo abandonó. Cuando su talento empezaba a ser reconocido y la fortuna parecía sonreírle, murió en Madrid, a los 34 años, el 22 de diciembre de 1870. Su hermano Valeriano había muerto tres meses antes, el 23 de septiembre, así que sus últimos meses de vida transcurrieron en la más absoluta soledad.

Su obra, publicada póstumamente gracias a algunos buenos amigos, aunque breve, es más que suficiente para hacer de Bécquer el mayor poeta español, en verso y en prosa, del siglo XIX y uno de los líricos más hondos y más puros con que cuenta la lengua castellana. Heredero tardío de la poesía romántica alemana, el romanticismo de Bécquer está fuera de tiempo y de lugar. Fuera de lugar porque nada tiene que ver con la tradición romántica española y fuera de tiempo, porque se manifiesta cuando el movimiento romántico ya había pasado.

Las Leyendas de Bécquer son las hermanas en prosa de sus poemas. La prosa de un gran poeta que envuelve cada una de ellas en un halo de magia donde lo real y lo irreal se confunden, como si todo transcurriera, y lo diré como lo diría él mismo, en esos “misteriosos espacios que separan la vigilia del sueño”.

De sus Leyendas, la que más releo es sin duda la de “El monte de las ánimas”, hace que se me pongan los vellos de punta y de sus poemas no sabría por cual decantarme aunque sí tengo mis preferidos. Uno de ellos es el siguiente grabado en mí desde aquellos días por los que pasa toda persona y de los que prefiere no acordarse, o sea, la etapa más conocida como adolescencia o “edad del pavo”.

AMOR ETERNO


Podrá nublarse el sol eternamente;
podrá secarse en un instante el mar:
podrá romperse el eje de la Tierra
como un débil cristal.

¡Todo sucederá! Podrá la muerte
cubrirme con su fúnebre crespón,
pero jamás en mí podrá apagarse
la llama de tu amor.

Hay una que representa una situación por la que creo que todos hemos pasado alguna vez, esa en la que el orgullo se adueña de nosotros y esperamos a que sea la otra parte la que dé su brazo a torcer, si ninguno de los dos cede entonces pasa lo que en este poema:
XXX
Asomaba a sus ojos una lágrima
y a mi labio una frase de perdón;
habló el orgullo y se enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.
Yo voy por un camino: ella, por otro;
pero al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún ¿por qué callé aquel día?
Y ella dirá ¿por qué no lloré yo?
En Sevilla, en el Parque de Maria Luisa se encuentra un monumento al Poeta. Sobre una pilastra clásica se encuentra su busto, envuelto por una capa española plegada sobre el hombro izquierdo a modo de una clámide griega. A su izquierda toca la pilastra la figura de Eros-Cupido niño en bronce disparando sus flechas. Un poco más a la izquierda se encuentran sentadas tres figuras de mujer de tamaño natural (mal identificadas muchas veces con Las Gracias), que representan al amor que llega, al amor que vive y al amor que muere. A la derecha del busto de Bécquer encontramos una escultura en bronce de Eros-Cupido adulto tumbado en el suelo, agonizando, herido por las propias flechas del amor. Todo el monumento está situado rodeando a un gigantesco y centenario taxodio o ciprés de los pantanos, plantado en 1850. Si ya en fotos parece como redeado de un halo mágico y maravilloso, verlo in situ debe ser algo realmente emocionante.

Bueno, espero que os guste esta entrada ya que eso significará que os gusta Bécquer y que no tarde mucho en volver a escribir por aquí, jejeje.
"Cuentos de la Alhambra" de Washington Irving.
Unas auténticas “mil y una noches” pero a la española que nos transporta a los tiempos del reino musulmán de Granada con todo su esplendor y su magia.

Su autor, el norteamericano Washington Irving, tuvo la suerte de hospedarse dentro del recinto de la Alhambra, no dentro del palacio nazarí pero sí en una especie de cuartel destinado al gobernador. Allí estuvo durante tres meses, se impregnó de la magia de la fortaleza y no es para menos, si su lugar de trabajo se encontraba junto al “Patio de los leones”. Buen observador, supo mezclar romanticismo, leyenda y folclore, el resultado: sus Cuentos.
Cada día al atardecer, Irving reunía una animada tertulia en la plaza de los Aljibes y, curiosamente, la primera niña a la que leería sus Cuentos sería con el tiempo emperatriz de Francia. Su nombre: Eugenia de Montijo.
En esta obra no solo nos ofrece los Cuentos, sino que da una minuciosa descripción del recinto de la Alhambra, sus palacios, la ciudad, la vega del Genil y, cómo no, de Sierra Nevada, tan presente también en sus historias.
Amó a España y contribuyó a hacer amables las cosas españolas. Años después un granadino, Federico García Lorca, iría en busca de la ciudad natal de Irving.
El relato comienza como una auténtica guía de viajes y es asombrosamente descriptivo y minucioso, sobre todo con los personajes con los que se va encontrando por posadas y demás lugares hasta llegar a Granada desde Sevilla. Sus anécdotas y datos curiosos son lo mejor de todo.
No exentos de un humor con mucho gusto sus relatos nos hacen volar a otra época y si has tenido la suerte de pisar Granada y su Alhambra, tu imaginación vuela con cada cuento a aquellos días de esplendor, donde el sentarse a oír el correr el agua de las fuentes era parte de la rutina del día a día.
Yo visité La Alhambra antes y después de leer estos Cuentos, la segunda visita me gustó más y si tuviera que elegir uno de los cuentos no sabría por cuál decantarme, todos tienen su encanto, y cada cual su género, porque los hay para todos los gustos: románticos, bélicos, de magia, misterio...En fin, que hay que leerlos y compartirlos con los más peques de la casa porque son un auténtico tesoro, son nuestra Historia.

  • "Daría todo lo que sé, por la mitad de lo que ignoro". René Descartes.

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