Cleopatra (2ª parte)

En el testamento de Julio César figuraba como principal heredero Octavio, su sobrino-nieto, un joven de mentalidad fría, inteligente, enfermizo y debilucho. Se formó un triunvirato compuesto por éste mismo, Marco Antonio y Lépido. Se repartieron el gobierno de las provincias romanas, tocándole a Antonio las provincias orientales. Se desencadenó de esta manera una guerra civil entre los partidarios del triunvirato y los seguidores republicanos.


Mientras tanto Cleopatra se encontraba en Alejandría intentando por todos los medios que las cosas fuesen bien, pero por mucho que uno quiera cuando las cosas se tuercen... Sufría plagas y hambre, los canales del Nilo habían sido descuidados durante sus dos años de ausencia y esto hizo que las cosechas fueran malas y las inundaciones no fueran bien aprovechadas.La crecida anual del Nilo no fue suficiente para cubrir los campos lo que acarreó varios problemas a la reina. No pudo exportar tanto cereal como debiera, resintiéndose así, la ya precaria economía del país.


Y un buen día apareció un emisario de Marco Antonio para pedirle que, como aliada, se reuniera con él al frente de su flota en Tarso (Turquía). A ella no le hacía ninguna gracia implicarse en una guerra entre romanos y, además no se fiaba de él. Se habían visto varias veces en su vida, cuando era una niña de 14 años en Alejandría y luego en Roma. Le caía bien Antonio, más que nada porque siempre fue un fiel aliado de César y, claro, esto también la beneficiaba a ella, y más aun, porque no descansó hasta dar muerte a los asesinos de éste.


Finalmente accedió, pero con la condición de que la reunión se celebrase en su barco, considerandose éste como suelo Egipcio. La llegada de la reina a las costas de Tarso fue tan espectacular que las orillas se llenaban de gente para verla pasar. Iba vestida de afrodita y a su paso, sus criadas, vestidas de ninfas, quemaban incienso y echaban flores al agua. Su galera, engalanada con sus velas púrpuras, sus remos de plata, el cante, el baile... y sentada en su trono ella. Su intención era aparentar que en Egipto todo iba bien, deslumbrar a los romanos estregándoles por la cara todo este esplendor. Tenía que convencerles de que Egipto era un buen aliado, rico y necesario para sus futuras empresas. Y así arrivó a su costa pero no se digno a desembarcar, al contrario, preparó una fiesta para Antonio y sus más allegados. Se cubrió el suelo del barco con pétalos de rosas de 1 palmo de espesor, que al ser pisado despedía todo su aroma. Se utilizó la vajilla y los cubiertos más caros, se sirvió el mejor vino e incluso disolvió una perla, que valía una pequeña fortuna, en vinagre para maravillar a Antonio. Así se metió Cleopatra a todos los romanos en el bolsillo y a Antonio en la cama.

Así comenzó su historia de amor. Él se trasladó con ella a Alejandría donde pasó todo ese invierno de fiesta en fiesta hasta que sus deberes le llamaron a Roma donde regresó para cumplir con la promesa de casarse con Octavia, la hermana de Octavio. En la capital del imperio todo se hacía así y a Octavio le gustaba tenerlo todo muy bien atado.

Mientras Antonio disfrutaba de su luna de miel, Cleopatra daba a luz nuevamente sola. Fueron gemelos, Cleopatra Selene y Alejandro Helios (la luna y el sol). A la soledad se unía el dolor de saber que el hombre al que amaba había preferido casarse con otra, era libre y no la había elegido a ella, era reina y no la había elegido a ella, le había dado dos hijos y no la había elegido a ella, le daba un reino, la posibilidad de ser rey y la había despreciado.

No se volvieron a encontrar hasta pasados 4 años durante el curso de una campaña contra los partos. Volvieron a revivir los días pasados y se casaron sin que Antonio repudiara a Octavia. Tuvieron otro hijo Ptolomeo Filadelfo. Cedió a su esposa Chipre, Fenicia y Creta recuperando así el esplendor territorial de los primeros Ptolomeos. Mientras tanto en Roma unos lo defendían y otros le acusaban de traidor por ceder territorio romano a una extranjera. Mientras tanto ellos continuaban con su vida llena de fiestas y excesos.

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