Para saber más.

Hay varios libros muy buenos que me han ayudado a conocer el mundo en el que se desenvolvieron mis personajes históricos favoritos. El primero que cayó en mis manos fue de Terenci Moixt "No digas que fue un sueño". La novela comienza en el momento en que Cleopatra se entera de que Antonio se ha vuelto a casar. Tenía la ocasión perfecta para hacerlo con ella pero en vez de eso se había casado con Octavia, la hermana del que con el tiempo sería su mayor enemigo. Así Cleopatra navega por el Nilo, en su galera llamada "Antoníada" en honor de su amado, proclamando a los cuatro vientos su dolor por el amor perdido. Sus velas negras en señal de luto y un nuevo amante cada noche para intentar olvidar las noches pasadas con Antonio. Así pasa sus días hasta que poco a poco se va recuperando y con el tiempo vuelven a encontrarse y pasa lo que todos sabemos, Antonio se une a ella con todas las consecuencias que ello le trajo.

Lo mejor de todo: los diálogos de Cleopatra tanto con su amado como con su enemigo. Un ejemplo de ello es cuando le reprocha a Antonio morirse antes que ella: "Una vez me abandonaste y ahora te me adelantas, nunca supiste tratar a una dama" O cuando, en su derrota, ve que Octavio se regodea y alardea de su posición de heredero de César: "Yo siempre fui princesa". Me encanta, qué puedo decir.


Otro libro del gran Terenci que, aunque no lo pretenda, parece una continuación del anterior ya que comienza donde termina "No digas que fue un sueño" y a mí me sirvió para conocer el paradero de su prole. Estoy hablando de "El sueño de Alejandría".

La historia se centra en el jardinero de la gran Octavia. Un pobre tartamudo que vive para sus flores y para su amante Adonís, más pendiente de su aspecto físico y de sus relaciones sociales que de su amigo. Escondido entre las plantas acude cada día a las lecciones que imparten a los niños de la casa (que no son pocos), percatandose de ello el maestro decide acercarse a él y con el permiso de la dueña le invita a tomar asiento y seguir la clase. Poco a poco va abriéndose a los demás. Observa a los príncipes egipcios y cada día obsequia a Selene con un ramillete de flores, intentando con este gesto aliviar la pena que se refleja en su rostro. Todo ello lo observa Octavia, a la que no se le pasa ni la pena de la una ni los esfuerzos de su jardinero por superar su tartamudez. Fedro, como se llama nuestro jardinero, va ganando protagonismo e importancia, supera sus problemas y sufre por amor.

Esta, novela nos permite conocer un poco más la vida de Octavia y lo que les deparó el futuro a Cleopatra Selene, Alejandro Helios y Ptolomeo Filadelfo. Lo mejor de todo Octavia y lo peor el final imprevisible.


En "Memorias de Cleopatra", de Margaret George, nos parecerá que estamos escuchando a la mismísima reina contar su historia desde que perdió a su madre cuando era pequeña hasta su fatal final. Está escrito en primera persona y nos narra detalladamente todos los conflictos que hubo en su familia, sus problemas económicos y sus relaciones personales y amorosas. Está muy bien escrito y es fácil perderse en sus páginas pensando que fue ella misma quien las escribió.

No puedo terminar esta entrada sin mencionar un libro, "Querida Alejandría" de María García Esperón. En contra de mi costumbre, no lo he leído aun, pero lo tengo en mi lista. Galardonada con el Premio Norma Fundalectura 2007. En México es de lectura obligada en colegios. Una novela muy interesante dirigida a los lectores adolescentes, a quienes se quiera introducir a la historia y a la cultura del Imperio Romano. Su trama se centra en Cleopatra Selene, su dolor, su nostalgia de Alejandría y lo que le costó adaptarse a su vida en Roma. La historia comienza cuando ella tiene catorce años y acaba de enterarse de que han concertado su matrimonio.

Cleopatra (3ª Parte)

Mientras ellos seguían disfrutando de su amor, para Octavio y para muchos era considerado un enemigo. Se le veía como un títere a manos de la reina, un borracho vicioso y enfermo del "mal oriental" (se pensaba que los orientales hacían el amor a todas horas y por todas partes). Así, mientras Octavio le escribía constantemente reprochándole su actitud y el desprecio hacia su hermana, Marco Antonio le escribía de igual manera porque, aunque Octavio era mucho más discreto, también tenía sus aventurillas. Es curioso que una de las pocas cartas que se encuentran de Antonio es una en la que le echa en cara al heredero de César sus muchos escarceos amorosos y le pide que tenga más recato.

Las cosas entre ambos fueron subiendo de tono y mientras que Octavio daba la imagen de persona abnegada y entregada enteramente al servicio de la República, Antonio se presentaba como un amante de los placeres mundanos, entregado al vino y a satisfacer los caprichos de su reina. Cualidades de uno y de otro que Octavio supo divulgar muy hábilmente para ganarse el favor tanto de el Senado como del pueblo romano.

Al cumplirse los 5 años del segundo triunvirato, se le declaró enemigo de la República, se leyó su polémico testamento en público. Su lectura y la imagen tan deteriorada de había tanto suya como de Cleopatra, provocó que se le declarara la guerra a Egipto. Aunque el ejercito de Antonio era más numeroso no estaba bien adiestrado y cuando la flota de Cleopatra se enfrentó a la flota de Agripa (¿qué habría hecho Octavio sin Agripa?) sabiéndose perdida puso rumbo a Alejandría. Antonio que la vio partir fue tras ella abandonando a sus hombres que finalmente perdieron la batalla, la batalla de Accio.

Se refugiaron en su palacio y se rodearon de sus hijos. Junto a ellos se encontraban Cesarión (el hijo de César) y Antilo (hijo de Marco Antonio y su primera esposa). La prioridad de Cleopatra era la de poner a Cesarión a salvo, sabía que Octavio no tardaría en llegar y no dejaría con vida a nadie que le pudiera quitar el privilegio de ser el heredero y sucesor de César, así que le mandó vestir con ropa sencilla, formó una pequeña carabana con personas de su confianza, dinero para poder vivir cómodamente y partieron hacía el sur del país.

Cuando Octavio llegó, se entrevistó con la reina, y en las palabras de éste pudo entrever sus intenciones. Pasearía por las calles de Roma encadenada a su carro celebrando su triunfo igual que ella había visto hacer cuando celebró los de César. Sus hijos menores irían a vivir a casa de Octavia, esto la alegró, sabía que era distinta a su hermano y que allí sus hijos estarían bien. La idea de ir encadenada al carro de Octavio y morir de cualquier modo o convertirse en esclava no le pareció muy halagüeña, por lo que planeó su suicidio. Fue entonces cuando le llegó a Antonio la noticia del falso suicidio de la reina, éste sin pensarlo se clavó su espada ya que su criado prefirió matarse él que matar a su amo. Cleopatra se encontraba en su mausoleo esperándole cuando le llevaron moribundo, le subieron en unas parihuelas (especie de camilla) y le metieron por una ventana para no abrir la puerta y allí se pudieron ver y hablarse por última vez. A continuación, la reina se vistió con toda su majestad para que cuando entrasen la viesen en todo su esplendor. Junto a ella estaban Iras y Carmiana, sus dos fieles sirvientas, y ahora viene el dilema ¿cómo murió realmente Cleopatra? Unos dicen que por la picadura de el áspid egipcio ocultado en un cesto de higos, que es rápida e indolora y otros que por un veneno que ella había mandado preparar, lo que sí es cierto es que cuando entraron las tropas e incluso el propio Octavio, en el suelo había un cesto de higos.

Otro enigma que nos queda es el paradero de la tumba de ambos, ojalá que muy pronto se resuelva..
El destino, que a veces se ríe de nosotros, quiso que en su visita a Roma para celebrar los Triunfos de César pudiera conocer al niño que con los años se convertiría en su yerno y rey de Mauritania, el principe Juba. Ahora sus hijos ocupaban su lugar, ellos pasearían encadenados al carro de Octavio y la gente los insultaría, la insultarían a ella y les arrojarían suciedad. Su hija, criada con Octavia se casó con este joven y se convirtió en reina. De sus hijos no se sabe nada cierto, unos dicen que murieron en Roma en años distintos y otros que se fueron con su hermana a Mauritania. De Cesarión se sabe que fue ejecutado en cuanto le encontraron mientras huía, al igual que Antilo.