Cleopatra (3ª Parte)

Mientras ellos seguían disfrutando de su amor, para Octavio y para muchos era considerado un enemigo. Se le veía como un títere a manos de la reina, un borracho vicioso y enfermo del "mal oriental" (se pensaba que los orientales hacían el amor a todas horas y por todas partes). Así, mientras Octavio le escribía constantemente reprochándole su actitud y el desprecio hacia su hermana, Marco Antonio le escribía de igual manera porque, aunque Octavio era mucho más discreto, también tenía sus aventurillas. Es curioso que una de las pocas cartas que se encuentran de Antonio es una en la que le echa en cara al heredero de César sus muchos escarceos amorosos y le pide que tenga más recato.

Las cosas entre ambos fueron subiendo de tono y mientras que Octavio daba la imagen de persona abnegada y entregada enteramente al servicio de la República, Antonio se presentaba como un amante de los placeres mundanos, entregado al vino y a satisfacer los caprichos de su reina. Cualidades de uno y de otro que Octavio supo divulgar muy hábilmente para ganarse el favor tanto de el Senado como del pueblo romano.

Al cumplirse los 5 años del segundo triunvirato, se le declaró enemigo de la República, se leyó su polémico testamento en público. Su lectura y la imagen tan deteriorada de había tanto suya como de Cleopatra, provocó que se le declarara la guerra a Egipto. Aunque el ejercito de Antonio era más numeroso no estaba bien adiestrado y cuando la flota de Cleopatra se enfrentó a la flota de Agripa (¿qué habría hecho Octavio sin Agripa?) sabiéndose perdida puso rumbo a Alejandría. Antonio que la vio partir fue tras ella abandonando a sus hombres que finalmente perdieron la batalla, la batalla de Accio.

Se refugiaron en su palacio y se rodearon de sus hijos. Junto a ellos se encontraban Cesarión (el hijo de César) y Antilo (hijo de Marco Antonio y su primera esposa). La prioridad de Cleopatra era la de poner a Cesarión a salvo, sabía que Octavio no tardaría en llegar y no dejaría con vida a nadie que le pudiera quitar el privilegio de ser el heredero y sucesor de César, así que le mandó vestir con ropa sencilla, formó una pequeña carabana con personas de su confianza, dinero para poder vivir cómodamente y partieron hacía el sur del país.

Cuando Octavio llegó, se entrevistó con la reina, y en las palabras de éste pudo entrever sus intenciones. Pasearía por las calles de Roma encadenada a su carro celebrando su triunfo igual que ella había visto hacer cuando celebró los de César. Sus hijos menores irían a vivir a casa de Octavia, esto la alegró, sabía que era distinta a su hermano y que allí sus hijos estarían bien. La idea de ir encadenada al carro de Octavio y morir de cualquier modo o convertirse en esclava no le pareció muy halagüeña, por lo que planeó su suicidio. Fue entonces cuando le llegó a Antonio la noticia del falso suicidio de la reina, éste sin pensarlo se clavó su espada ya que su criado prefirió matarse él que matar a su amo. Cleopatra se encontraba en su mausoleo esperándole cuando le llevaron moribundo, le subieron en unas parihuelas (especie de camilla) y le metieron por una ventana para no abrir la puerta y allí se pudieron ver y hablarse por última vez. A continuación, la reina se vistió con toda su majestad para que cuando entrasen la viesen en todo su esplendor. Junto a ella estaban Iras y Carmiana, sus dos fieles sirvientas, y ahora viene el dilema ¿cómo murió realmente Cleopatra? Unos dicen que por la picadura de el áspid egipcio ocultado en un cesto de higos, que es rápida e indolora y otros que por un veneno que ella había mandado preparar, lo que sí es cierto es que cuando entraron las tropas e incluso el propio Octavio, en el suelo había un cesto de higos.

Otro enigma que nos queda es el paradero de la tumba de ambos, ojalá que muy pronto se resuelva..
El destino, que a veces se ríe de nosotros, quiso que en su visita a Roma para celebrar los Triunfos de César pudiera conocer al niño que con los años se convertiría en su yerno y rey de Mauritania, el principe Juba. Ahora sus hijos ocupaban su lugar, ellos pasearían encadenados al carro de Octavio y la gente los insultaría, la insultarían a ella y les arrojarían suciedad. Su hija, criada con Octavia se casó con este joven y se convirtió en reina. De sus hijos no se sabe nada cierto, unos dicen que murieron en Roma en años distintos y otros que se fueron con su hermana a Mauritania. De Cesarión se sabe que fue ejecutado en cuanto le encontraron mientras huía, al igual que Antilo.

1 comentarios:

reinasinespejo dijo...

Una vez más, gracias por refrescarnos la memoria con las intrigas de la Historia, te lo has currado Abisinia.

Besos