Adriano, el infatigable curioso.

El 26 de enero del años 76 de nuestra era nace Publio Elio Adriano. A los ocho años es adoptado por Trajano, su antecesor como emperador. Si uno no paró de guerrear hasta su muerte, el otro se dedicó a conservar lo que había.La Historia Augusta afirma que sus relaciones con Trajano no siempre fueron buenas; se hace referencia a una disputa como consecuencia de los celos de los efebos del emperador hacia el nuevo favorito, cuya homosexualidad está atestiguada también en la obra de Dion Casio. A la muerte de éste, Adriano decide parar los preparativos para la nueva campaña contra los partos, abandonar las últimas provincias orientales conquistadas, devolver la frontera al Eúfrates y llegar a un acuerdo con la Partia. Un grupo de senadores y generales del anterior emperador no vio con buenos ojos estas decisiones y solo con la muerte de estos se evitó una nueva guerra civil. Y así, mientras toda la Historia de Roma había girado siempre en torno a campañas, guerras y conquistas, por fin se llegaba a un desconocido y próspero periodo de paz. Tenía la firme intención de fijar unos límites, unas fronteras reales del Imperio y mantenerlo así. Sus veinte años de reinado fueron como una renovación del imperio.
Para delimitar el imperio y evitar las invasiones bárbaras, construyó su famoso “muro de Adriano”.
Mientras que anteriormente los emperadores solo salían de Italia para emprender alguna campaña, él se dedicó a recorrer el Imperio, saciar su curiosidad y sus ansias de saber. Durante sus viajes tomó conciencia de la inmensidad de sus dominios, funda ciudades, otras las restaura e incluso las agranda. Envía grandes cantidades de dinero para promover la construcción de acueductos, reformar los puertos, embellecer las plazas, templos y la restauración de los antiguos.
Era un amante del saber y quería dominar todas sus ramas: poesía, historia, filosofía, música, matemáticas, astrología, arte y arquitectura. Le gustaba demostrar su superioridad en cada unos de estos campos, lo que le acarreaba problemas al que se atreviera a rebatirlo.
Alguien dijo de él que era un “explorador de todas las curiosidades”
A su muerte, primero le enterraron en Puetoli - cerca de su villa - en una residencia que había pertenecido a Cicerón. Poco después, se ordenó el traslado del cuerpo a Roma, donde le enterraron en los Jardines de Domicia, cerca de las obras de su mausoleo. Tras el término de la construcción (139) se incineraron sus restos y se trasladaron las cenizas al mausoleo, donde ya estaban las de Vibia Sabina (su mujer y se había suicidado)y las de Lucio Aelio Vero- al que el emperador había adoptado - que había muerto un año antes. Antonino Pío le deificó ese mismo año y trasladó sus cenizas al templo del Campo de Marte. El actual Castillo de Sant Angelo, fue en su día el Mausoleo de Adriano.

Como casi todos los emperadores, murió sin un heredero de su sangre, así que Antonino Pío fue su sucesor y mantuvo hasta su muerte en 161 la paz y estabilidad que heredó de Adriano. El heredero de Antonino sería Marco Aurelio.

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