"La vieja sirena" de José Luís Sampedro.

Narra la historia de una mujer que no recuerda su pasado. No recuerda que nació sirena y que rechazó su inmortalidad para disfrutar de los placeres de los humanos. Sus recuerdos más antiguos son su aparición en una playa completamente desnuda y como la acogieron las gentes que allí vivían. Así, sin apenas recuerdos es comprada como esclava en Alejandría para la casa de Ahram "el navegante". Nada más llegar le cortan su preciosa melena color ámbar para que su dueña se haga una peluca. Intenta pasar desapercibida pero su belleza no pasa desapercibida ni siquiera para el dueño de la casa. Al salvar al nieto de este del ataque de un perro, pasa a convertirse en su niñera, esto le permite estar cerca de Ahram ya que el niño adora a su abuelo y salir en barca con él. Poco a poco "el navegante" se va dando cuenta de que esa mujer es distinta a las demás y su curiosidad da paso a sentirse atraído por ella. Ambos comienzan una relación y en su primer encuentro, en pleno éxtasis, Glauka recupera todos sus recuerdos. Se lo cuenta a Ahram que lo cree todo casi sin sorprenderse, tan convencido estaba de que ella no era normal.

Glauka pasa muchos momentos con Krito, el filosofo que en una ocasión salvó la vida de Ahram, ganándose así su amistad y gratitud. Krito es un hombre que a veces se siente mujer y a veces hombre. En Glauka encuentra a la compañera perfecta, ella lo comprende y ambos comparten su amor por Ahram. Esta amistad desemboca en algo más, lo que enfurece a Ahram pero que al final acaba comprendiéndolo todo. Ellos son sus dos estrellas, sus amuletos, su sirena y su filósofo.

Para mí es una novela mágica, que transporta a quien la lee a la Alejandría del siglo III. Una época convulsa y llena de intrigas por todas partes, pero también de belleza. Está escrita en mayor parte en monólogo interior, lo que nos permite conocer lo que sienten distintos personajes en una misma situación. Una historia de amor con retazos de historia, incluso el faro de Alejandría se convierte en protagonista al final de la novela.

Este es uno de esos libros que da pena acabar.

Julio César, sus frases, anécdotas y curiosidades.

Para hablar de ello me he remitido a la obra de Suetonio (70 d. C. - 140 d. C.) Vida de los doce césares. He de decir antes de empezar que, haciendo gala de su fama de seductor, César acabó cautivando al erudito y moralista autor de su biografía.

Dícese que su estatura era elevada, blanca la tez, bien conformados los miembros, cara redonda, ojos negros y vivos, temperamento robusto, aunque en sus últimos tiempos sufrió repentinos desmayos y terrores nocturnos que le turbaban el sueño. Dos veces también experimentó ataques de epilepsia en público. Daba mucha importancia al cuidado de su cuerpo, y no contento con que le cortasen el pelo y afeitasen con frecuencia, hacíase arrancar el vello, según le censuraban y no soportaba con paciencia la calvicie que le expuso más de una vez a las burlas de sus enemigos. Por esta razón se atraía sobre la frente el escaso cabello de la parte posterior, y de cuantos honores le concedieron el pueblo y el Senado ninguno le fue tan grato como el de llevar constantemente una corona de laurel.
Cuidadoso era también de su traje. Usaba laticlavo guarnecido de franjas que le llegaban hasta las manos, poniéndose siempre sobre esta prenda el cinturón muy flojo. Esta costumbre hacía decir frecuentemente a Sila, dirigiéndose a los nobles:”Desconfiad de ese joven tan mal ceñido.”

Decía que descendía de reyes y de dioses, de reyes por parte de madre, su tía Julia descendía de reyes y de dioses porque de Venus descendían los Julios.

Siendo cuestor en la Hispania Ulterior, llegando a Cádiz, al ver una estatua de Alejandro Magno, suspiró profundamente como deplorando su inacción y censurando no haber realizado todavía nada grande a la edad en que Alejandro había conquistado ya el universo. Dimitió y volvió a Roma.

Siendo cónsul junto con Bíbulo, acaparó todo el poder y dirigió todos los asuntos del Estado por su sola y soberana autoridad. Hasta tal punto que algunos, antes de firmar sus cartas, las fechaban escribiendo no “en el consulado de César y Bíbulo” sino de “Julio y de César“. También, a modo de burla, se hicieron circular estos versos:

Nada es de Bíbulo, todo es de César, porque nadie recuerda lo que aquel cónsul ha hecho.”

Ten feliz se sentía cuando le entregaron la Galia que lo proclamó a los cuatro vientos y se jactó en mitad del senado de haber llegado al colmo de sus deseos.

A las orillas del Rubicón, antes de entrar en Roma al comienzo de su guerra contra Pompeyo, dijo a sus soldados: “Marchemos adonde nos llaman los signos de los dioses y la iniquidad de los enemigos. La suerte está echada”.

Al ir a apoderarse de las tropas que Pompeyo tenía en Hispania, dijo antes de partir que:”iba a combatir a un ejercito sin general para volver a combatir a un general sin ejercito”.
Cuando se celebro su victoria sobre el Ponto, veíase entre los demás ornamentos triunfales un cartel con las palabras “vine, vi, vencí”, por la rapidez de la batalla.

Corrigió el calendario, adaptando el año al curso del sol y lo compuso de trescientos sesenta y cinco días, suprimiendo el mes intercalado, aumentando un día a cada cuatro años. Para que todo encajase, añadió dos meses, entre noviembre y diciembre, teniendo por consiguiente este año quince meses, contando el antiguo mes intercalado que caía en él.

Prohibió el uso de literas, de la púrpura y las perlas, exceptuando a ciertas personas, ciertas edades y determinados días.

En una ocasión mandó encarcelar a su panadero por servir a los invitados pan diferente del que le había servido a él.

Desde el principio de su vida pública se le supuso una relación con Nicomedes, lo que provocó todo tipo de comentarios: “Todo lo que Bitinia y el amante de Cesar llegaron a poseer”, “rival de la reina y almohada del lecho real”, “establo de Nicomedes”, “reina de Bitinia”… En otra ocasión Bruto le dio a Pompeyo el titulo de rey y a César el de reina. Era Vox populi, incluso Cicerón no se cansaba de hablar y escribir sobre ello, contaba que César fue llevado a la cámara real por soldados, que se acostó en ella cubierto de púrpura en un lecho de oro, y que aquel descendiente de Venus prostituyó en Bitinia la flor de su edad, le dijo un día en pleno senado, estando César defendiendo a la hija de Nicomedes y recordando los favores que debía a este rey le cortó tajante Cicerón:

“Omite, te lo suplico, todo eso, porque demasiado sabido es lo que has recibido y lo que le has dado”.

En fin, el día de su triunfo sobre las Galias, los soldados, entre los versos con que acostumbraban a celebrar la marcha del triunfador, cantaron los conocidísimos:

”César sometió las Galias y Nicomedes a César. He aquí a César que triunfa porque sometió las Galias y Nicomedes, que sometió a César, no triunfa”.
Muy dado a la incontinencia sexual era muy esplendido para conseguir estos favores y corromper a gran número de mujeres de elevado rango. A todas amó en cierto modo, pero a ninguna como a Servilia, la madre de Bruto, a la que dio durante su primer consulado una perla que le había costado seis millones de sestercios; también le hizo adjudicar a bajo precio las propiedades más hermosas que se vendieron en subasta. “Ciudadanos, esconded a vuestras esposas; aquí traemos al adultero calvo”, así cantaban sus soldados el día de su triunfo sobre las Galias.

También amó a reinas, entre otras a Eunoe, esposa del Bogud, rey de Mauritania; pero amó mucho más a Cleopatra, con la que frecuentemente prolongó comidas hasta la nueva aurora, y en nave suntuosamente aparejada hubiese penetrado con ella desde Egipto a Etiopía si el ejercito no se hubiera negado a seguirle; hízole, venir en fin a Roma, no dejándola marchar sino colmada de dones y consintiendo llevase su nombre el hijo que tuvo de ella (Cesarión). Algunos escritores griegos dijeron que este hijo se parecía a César en el rostro y apostura. Marco Antonio aseguró en pleno Senado que César lo había reconocido, e invocó el testimonio de algunos amigos suyos, entre ellos Cayo Opio que escribió un libro titulado "No es hijo de César el que Cleopatra dice serlo."

Por otra parte Helvio Cinna, tribuno del pueblo, manifestó a muchas personas que tuvo redactada y dispuesta una ley que César le mandó proponer en su ausencia, por la que se le permitiría casarse con cuantas mujeres quisiese para tener hijos.

En fin, tan desarregladas eran sus costumbre y tan notoria la infamia de sus adulterios que Curión padre le llama en un discurso “marido de todas la mujeres y mujer de todos los maridos.”

Comedido en la bebida, dijo de él Catón:”De cuantos han querido derribar la república solamente César fue sobrio". Tan indiferente era con los manjares que le ofrecían que un día fue el único que no rechazó un plato con aceite rancio, incluso repitió para agradar al anfitrión.

Diestro en el manejo de las armas y caballos, soportaba la fatiga más de lo que puede creerse, precedía al ejército, unas veces a caballo y con más frecuencia a pie. Salvaba largas distancias con increíble rapidez, sin equipaje, en un carro de alquiler, recorriendo de esta manera hasta cien millas por día; si le detenían ríos, los pasaba a nado o sobre odres henchidos.

En una ocasión, habiendo caído al saltar del barco, para que nadie viese en ello un mal presagio, exclamó:”Ya eres mía, África”.

Montaba un caballo singular, cuyos cascos parecían pies humanos, estando hendidos a manera de dedos; caballo que había nacido en su casa, prometiendo los augures a su dueño el imperio del mundo; por cuya razón lo crió con cuidadoso esmero, encargándose él mismo de domarlo, elevándole más adelante una estatua delante del templo de Venus Genetrix.

En la guerra de Alejandría tubo que saltar al mar para salvar su vida. Recorrió a nado el espacio de doscientos pasos hasta una nave, sacando la mano derecha fuera del agua para que no se mojasen los escritos que llevaba, y cogido con los dientes su manto de general para no dejar aquel despojo al enemigo.Cuando consiguió el poder soberano, elevó a los primero honores a algunos hombres de baja estofa, y cuando se lo censuraron, contestó:”Si bandidos y asesinos me hubiesen ayudado a defender mis derechos y dignidad, les mostraría igualmente mi agradecimiento.”
Era por naturaleza benévolo, hasta en las venganzas. Cuando se apoderó de los piratas, de quienes fue prisionero y a quienes en aquella situación juró crucificar, no les hizo clavar hasta después de estrangularlos.

Cuando su esposa Pompeya fue acusada de adulterio y el aseguró no haber visto nada, le preguntaron que por qué la había repudiado:”Es necesario que los míos estén tan exentos de sospecha como de crimen.”
A pesar de su moderación y clemencia tanto en batallas como en su vida corriente, se le imputan acciones y palabras que demuestran el abuso del poder y que parecen justificar su asesinato. No contento con aceptar honores excesivos, como el consulado vitalicio, la dictadura perpetua, la censura de las costumbres, el título de Imperator, el dictado de Padre de la Patria, una estatua entre las de los reyes y una especie de trono en la orquesta, consintió además que le decretasen otros superiores a la medida de las grandezas humanas: tuvo silla de oro en el Senado y en su tribunal; en las pompas del circo un carro en el que se llevaba religiosamente su retrato; templos y altares y estatuas al lado de las de los dioses; como éstos tuvo lecho sagrado; sacerdotes lupercos, y en fin, el privilegio de dar su nombre a un mes del año. No existen distinciones que no recibiese según su capricho y que no diese de la misma manera.

En fin, la copa se iba colmando y llegó el punto de inflexión. El número de conjurados se elevaba a más de sesenta, siendo Cayo Casio y Marco y Décimo Bruto jefes de la conspiración. Acordaron el ataque para los idus de marzo (15 de marzo), una reunión del Senado en la sala de Pompeyo, convinieron por unanimidad no buscar momento ni paraje más oportunos.

Muchos prodigios le anunciaron a César su inminente fin. Estuvo tentado de no salir de casa. En cuanto se sentó, le rodearon como para saludarle. El primer ataque le hirió un poco más debajo de la garganta, a esta le siguieron veintidós y viendo que era el fin, se envolvió la cabeza en la toga y con la mano izquierda se bajó los paños sobre las piernas, a fin de caer con más decencia. Dicen que al ver a Bruto le dijo:”Tú también, hijo mío”.
Según el médico, de las veintitrés puñaladas, solamente era mortal la segunda que había recibido en el pecho.

Su testamento se leyó en casa de Marco Antonio, dejando a su sobrino nieto Octavio como heredero más favorecido.

Se formó una pira en el Campo de Marte, al lado de la tumba de Julia, su hija y esposa de Pompeyo. Se le otorgaron todos los honores divinos y humanos. En cuanto terminaron los funerales, corrió el pueblo con antorchas a las casas de Bruto y Casio, siendo rechazado con gran trabajo.

La víspera de su asesinato, cenando con Marco Lépido, éste le preguntó que cuál es la muerte más apetecible, contestó:”La repentina e inesperada.”

Sucumbió a los cincuenta y cinco años de edad, y se le colocó en el número de los dioses, no solamente por decreto del Senado sino también por el vulgo, que estaba persuadido de su divinidad. Durante los juegos que había prometido celebrar y que dio por él su heredero Augusto, apareció una estrella con cabellera, que se alzaba hacia la hora undécima (las 5 de la tarde) y que brilló durante siete días consecutivos, creyéndose que era el alma de César recibida en el cielo, siendo ésta la razón de representarle con una estrella sobre la cabeza. Se mandó tapiar la puerta de la sala donde la mataron; llamose parricidio a las idus de marzo y se prohibió para siempre que se reuniesen los senadores en este día.
Casi ninguno de sus asesinos le sobrevivió más de tres años ni murió de muerte natural, naufragios combates o clavándose el mismo puñal con que hirieron a César.

He de decir que si a Suetonio (autor de esta biografía) lo había conquistado, a mí también. Vivió su vida como quiso y obtuvo de ella todo lo que deseó. Su muerte no podía ser natural, no me lo imagino muriendo de viejo, empequeñecido por la edad, mermados su ingenio y su deseo.

Olimpia, la madre de Alejandro.

Su verdadero nombre era Políxena. Se cuenta que el día antes de su boda con el rey Filipo de Macedonia, soñó que un rayo le caía sobre su vientre y el fuego se propagaba por toda la habitación hasta extinguirse. Lo que todo el mundo interpretó fue que el dios de dioses, el mismísimo Zeus queriendo rememorar sus aventuras pasadas con humanas, habría querido dejar su huella en la princesa. Se dice también que justo nueve meses después daba a luz un varón mientras su esposo vencía en la carrera hípica de los Juegos Olímpicos del año 356 a. C.

En honor de esa victoria dejó de llamarse Políxena y pasó a llamarse Olimpia. Su hijo no solo fue el “dueño del mundo”, sino también un dios, el decimotercero del panteón griego: Alejandro Magno.

Mujer de carácter fuerte y decidida a influir en los devaneos de su tiempo, aunque era esposa y madre de rey, no fue nunca considerada institucionalmente bajo el título de reina, es más ni siquiera ostentó en exclusiva el título de consorte ya que lo compartió con al menos seis esposas más.
En una sociedad marcadamente masculina, Olimpia proyecta sus deseos a través de su hijo Alejandro. Pero la monarquía macedonia no era hereditaria por lo que cualquier cambio en la vida de Filipo podía dar al traste con los deseos de Olimpia: ver a su hijo convertido en rey. Y eso es justamente lo que estuvo apunto de ocurrir. En el apogeo de su poder, Filipo se casa con Cleopatra, hija de un importante aristócrata macedonio y si su boda con Olimpia sirvió para forjar una alianza entre vecinos (Molosia y Macedonia), dicha alianza ya no era tan necesaria. Así, en la boda, el padre de la novia se atrevió a dudar de que Alejandro llegase algún día a reinar.

Olimpia es desterrada a Molosia y busca el apoyo bélico de su hermano Alejandro el Epirota, rey de Epiro pero, aunque éste la apoya, Filipo es más hábil y para evitar cualquier ataque promueve el casamiento de su cuñado con su propia hija, nacida de Olimpia. Aun así este matrimonio no le traería tantas ventajas como él pensaba, irónicamente es asesinado durante la ceremonia del mismo por Pausanias, un miembro de su guardia personal. Lo que él pensaba que le beneficiaria, benefició a su esposa y rival. Olimpia regresó a Macedonia, recuperó su influencia, mandó matar a la nueva esposa del rey y a su hija, mientras que Alejandro se encarga del resto. Ya nadie le puede discutir que es el legítimo heredero y con veintiún años se va a conquistar el mundo.Olimpia ya no volverá a ver más a su hijo y su relación se limitará a las numerosas cartas que se escriben. Antípatro, general de la vieja guardia de Filipo y aliado de Alejandro en su ascenso al trono, queda como regente en su ausencia, lo que provoca numerosos roces con la “reina madre”. Estos roces provocaron un nuevo retiro a Molosia.

En el verano de 323 a. C., llega la noticia de la muerte de Alejandro. Ahora la prioridad de Olimpia es derrocar a Antípatro y mantener la línea sucesoria en el hijo póstumo de Alejandro con la princesa irania Roxana, el pequeño Alejandro IV. La reina espera la ocasión, se suceden las regencias y en el resto del imperio, los generales de Alejandro luchan por el poder. Y es en el año 317 a. C. cuando Casandro, hijo de Antípatro, ya fallecido, se hace con el poder en Macedonia, Olimpia decide atacar.

Lo poco que se sabe procede de fuentes hostiles a su persona y hacen especial hincapié en la crueldad con que Olimpia pasó a cuchillo a Arrideo, el hermanastro deficiente de Alejandro y como masacró a los seguidores de Casandro. Se llega a decir que en los baños de sangre que siguieron a las muertes de su marido y de su hijo, Olimpia aparecía siempre con las manos teñidas de rojo.

Estuvo cerca de conseguir su objetivo pero le falto apoyo militar en el momento preciso, además la ayuda ateniense se decantó por el bando de Casandro. Esta derrota desembocó en su ejecución, la de su nuera y la de su nieto en el 316 a. C. Con su muerte moría también el sueño de perpetuar la estirpe de Alejandro.

"Amanecer" de Stephenie Meyer.

La última entrega de la saga de “Crepúsculo” comienza con los preparativos de la inminente boda de Bella y Edward. A ella acuden sus amigos e incluso Jacob que se había alejado del pueblo desde los últimos acontecimientos. Durante el banquete habla con Bella y al final acaba amenazando de muerte a Edward, ya que se supone que la boda es la antesala para que Bella pase a convertirse en vampiro. Su luna de miel es en isla Esme, propiedad de los Cullen. Allí Edward cumple su promesa de “intentar” hacer el amor sin que ella muera en el intento, pero el resultado es, pese a su felicidad, el cuerpo lleno de moratones de Bella. Edward jura no volver a tocarla hasta que ella no sea fuerte como él, pero ella se las ingenia y lo consigue dos veces más. Al día siguiente, se da cuenta de que está embarazada y de que la cosa va más rápido de lo normal, ¡incluso nota como se mueve!
Edward quiere que aborte porque no saben a qué atenerse, además el bebe le hace daño a Bella, le rompe costillas cada vez que se mueve más de la cuenta, pero ella se niega a matar a su hijo. Cuando los quileutes se enteran de este “embarazo-prodigio”, piensan que es una amenaza tanto para su manada como para los humanos y creen que lo mejor es acabar con la vida del bebe aunque para ello haya que matar a la madre. Jacob se niega y se revela, a él se unen Seth y Leah. Juntos corren a avisar a los Cullen.
El embarazo dura un mes. El parto se complica y para salvar su vida, Edward tiene que morderla y convertirla en vampiro.
El bebe es niña y, aunque la intención de Jacob era matarla nada más nacer, enseguida se siente atraído por ella, se ha “imprimado”, ha encontrado a su alma gemela. Esto hace que adquiera con sus antiguos enemigos un compromiso mucho más fuerte, no se separará de Renesmee nada más que lo justo, además a la niña también le gusta él. Crece cuatro centímetros al día y con tres meses aparenta dos años.
Cuando todo es felicidad y dicha alrededor de Bella, incluso ha podido ver a su padre después de convertirse en vampiro y explicarle sin palabras la procedencia de Renesmee, Alice tiene una visión, los Vulturis vienen a matarlos. Para ellos está prohibido crear niños vampiros, son un peligro, pueden descubrir su secreto. Alice y Jasper salen de la casa en busca de alguna visión, ya que con Jacob y la niña cerca no lo consigue. Ya no vuelven, el resto piensa que será por el bien general ya que Aro, uno de los jefes Vulturi la quería en su sequito por sus visiones.Los Cullen deben encontrar la manera de explicarles que Renesmee no es vampira, que nació de Bella cuando ella aun era humana por lo que es mitad vampira y mitad humana y que no representa amenaza alguna ni para los humanos ni para ellos mismos. Su plan consiste en convocar a todos los vampiros que conocen y explicarles todo lo referente a la niña y que por ellos mismos comprueben que crece, cosa que no hacen los niños convertidos en vampiros y les sirvan como testigos frente a los Vulturis. Además Renesmee tiene el don de mostrar, tocando a las personas, cosas que han sucedido y que ella ha visto, así a los vampiros que van llegando les muestra el momento de su nacimiento y otras cosas para demostrarles que todo lo que cuentan es cierto.
A los que van llegando se une también la manada de lobos, convencida ya de que la niña no es una amenaza se preparan para la llegada de los Vulturis.
La llegada se produce al mes de la visión de Alice. Sus intenciones no son amistosas e incluso después de que Renesmee les toque y les haga ver su procedencia, no cambian de idea. Quieren aniquilar a esa familia de vampiros tan atípica que respeta la vida de los humanos. Los Cullen son el grupo de vampiros más grande que hay después de ellos y ahora además se encuentra incrementado con los testigos y los lobos listos a saltar sobre ellos. Preguntan a varios testigos y todos ellos coinciden en que han visto crecer a la niña y que no ven peligro alguno en ella. Pero siguen buscando una excusa… no saben en qué se convertirá el día de mañana. Cuando Jacob se prepara a huir con ella en el lomo aparece Alice con Jasper y tres desconocidos. Entre ellos se encuentra un chico de unos diecisiete años cuya procedencia es la misma que la de Renesmee: padre vampiro y madre humana. Él les explica que tiene ciento cincuenta años y que alcanzó la madurez con siete, que se puede alimentar tanto de sangre como de comida humana. Poco a poco los Vulturis van entrando en razón y no encuentra ninguna excusa lógica para atacar, así que se marchan como vinieron.
Y así termina la historia, todo amor y felicidad por todos lados, lobos y vampiros hermanados por el bien de la humanidad.
Está bien, sobre todo la segunda parte del libro que está contada por Jacob, tiene muchos puntos graciosos. Muy bueno también la manera de explicarle a Bella que ha “imprimado” a su bebe y la reacción de esta. Bastante emocionante el cambio de relación entre los lobos y los vampiros, la necesidad de unirse por el bien común.
Bueno, espero que no se ponga de moda esto de escribir las historias por tomos, es peor que engancharse a cualquier serie de televisión.
Si tengo que elegir uno de los cuatro libros, sin duda, me quedo con "Crepúsculo".