Olimpia, la madre de Alejandro.

Su verdadero nombre era Políxena. Se cuenta que el día antes de su boda con el rey Filipo de Macedonia, soñó que un rayo le caía sobre su vientre y el fuego se propagaba por toda la habitación hasta extinguirse. Lo que todo el mundo interpretó fue que el dios de dioses, el mismísimo Zeus queriendo rememorar sus aventuras pasadas con humanas, habría querido dejar su huella en la princesa. Se dice también que justo nueve meses después daba a luz un varón mientras su esposo vencía en la carrera hípica de los Juegos Olímpicos del año 356 a. C.

En honor de esa victoria dejó de llamarse Políxena y pasó a llamarse Olimpia. Su hijo no solo fue el “dueño del mundo”, sino también un dios, el decimotercero del panteón griego: Alejandro Magno.

Mujer de carácter fuerte y decidida a influir en los devaneos de su tiempo, aunque era esposa y madre de rey, no fue nunca considerada institucionalmente bajo el título de reina, es más ni siquiera ostentó en exclusiva el título de consorte ya que lo compartió con al menos seis esposas más.
En una sociedad marcadamente masculina, Olimpia proyecta sus deseos a través de su hijo Alejandro. Pero la monarquía macedonia no era hereditaria por lo que cualquier cambio en la vida de Filipo podía dar al traste con los deseos de Olimpia: ver a su hijo convertido en rey. Y eso es justamente lo que estuvo apunto de ocurrir. En el apogeo de su poder, Filipo se casa con Cleopatra, hija de un importante aristócrata macedonio y si su boda con Olimpia sirvió para forjar una alianza entre vecinos (Molosia y Macedonia), dicha alianza ya no era tan necesaria. Así, en la boda, el padre de la novia se atrevió a dudar de que Alejandro llegase algún día a reinar.

Olimpia es desterrada a Molosia y busca el apoyo bélico de su hermano Alejandro el Epirota, rey de Epiro pero, aunque éste la apoya, Filipo es más hábil y para evitar cualquier ataque promueve el casamiento de su cuñado con su propia hija, nacida de Olimpia. Aun así este matrimonio no le traería tantas ventajas como él pensaba, irónicamente es asesinado durante la ceremonia del mismo por Pausanias, un miembro de su guardia personal. Lo que él pensaba que le beneficiaria, benefició a su esposa y rival. Olimpia regresó a Macedonia, recuperó su influencia, mandó matar a la nueva esposa del rey y a su hija, mientras que Alejandro se encarga del resto. Ya nadie le puede discutir que es el legítimo heredero y con veintiún años se va a conquistar el mundo.Olimpia ya no volverá a ver más a su hijo y su relación se limitará a las numerosas cartas que se escriben. Antípatro, general de la vieja guardia de Filipo y aliado de Alejandro en su ascenso al trono, queda como regente en su ausencia, lo que provoca numerosos roces con la “reina madre”. Estos roces provocaron un nuevo retiro a Molosia.

En el verano de 323 a. C., llega la noticia de la muerte de Alejandro. Ahora la prioridad de Olimpia es derrocar a Antípatro y mantener la línea sucesoria en el hijo póstumo de Alejandro con la princesa irania Roxana, el pequeño Alejandro IV. La reina espera la ocasión, se suceden las regencias y en el resto del imperio, los generales de Alejandro luchan por el poder. Y es en el año 317 a. C. cuando Casandro, hijo de Antípatro, ya fallecido, se hace con el poder en Macedonia, Olimpia decide atacar.

Lo poco que se sabe procede de fuentes hostiles a su persona y hacen especial hincapié en la crueldad con que Olimpia pasó a cuchillo a Arrideo, el hermanastro deficiente de Alejandro y como masacró a los seguidores de Casandro. Se llega a decir que en los baños de sangre que siguieron a las muertes de su marido y de su hijo, Olimpia aparecía siempre con las manos teñidas de rojo.

Estuvo cerca de conseguir su objetivo pero le falto apoyo militar en el momento preciso, además la ayuda ateniense se decantó por el bando de Casandro. Esta derrota desembocó en su ejecución, la de su nuera y la de su nieto en el 316 a. C. Con su muerte moría también el sueño de perpetuar la estirpe de Alejandro.

2 comentarios:

reinasinespejo dijo...

Yo titularía esta entrada: Olimpia, una mujer de armas tomar.

Gustavus Ficus dijo...

Saludos, tu blog está también muy bien!!!