Tiberio.

Es asombroso como el tiempo y el poder son capaces de cambiar a las personas. En el caso de Tiberio, la primera mitad de su vida está marcada por el éxito y la segunda mitad por la depravación.
Hijo de Tiberio Claudio Nerón y de Livia Drusila. Su padre siempre había luchado al lado de Julio César, pero a la muerte de éste se pasó al bando contrario, luchando contra Octavio. Tuvieron que andar huyendo constantemente de un sitio a otro hasta que los ánimos se calmaron y pudieron volver a Roma.

Estando su madre embarazada, obligan a su padre a divorciarse de ella para que Octavio, el ahora poderoso Octavio Augusto sucesor de Julio César, pueda casarse con ella. A los tres meses del enlace nacería Druso (Nerón Claudio Druso). Las malas lenguas dirían entonces que los matrimonios felices tenían hijos a los tres meses, haciendo clara alusión a posibles adulterios anteriores al enlace.
A los nueve años, poseedor de una madurez impropia de esa edad, pronunció la oración fúnebre por la muerte de su padre biológico. Con doce años desfilaría a caballo a la izquierda de Octavio en el desfile triunfal de la victoria sobre Marco Antonio y Cleopatra.

Recibió una educación exquisita acorde con su rango de hijo de la esposa de Augusto. Pero, por mucho que su madre quisiera arrimarle y hacerle bueno a los ojos de su esposo, éste sentía más simpatía por el otro hijo, por Druso. Druso poseía un carácter alegre y despertaba las simpatías de todo el mundo, al contrario que Tiberio que era más reservado e introvertido.

Su carrera crecía como la espuma, estaba preparado y todo lo que emprendiá tenía éxito. Consiguió recuperar sin lucha las águilas de las legiones que los partos habían arrebatado a Marco Antonio y Craso, fue nombrado prétor, luchó en los Alpes, en las Galias, descubrió la fuente del Danuvio y lo cruzo por la mitad de su curso.

Se casó con Vipsania Agripina, hija del mejor amigo y general de Augusto. Ambos compartían el mismo carácter y el amor nació entre ellos. Tuvieron un hijo Julio César Druso. Pero la felicidad no duraría más de cinco años, Tiberio fue obligado a divorciarse de Vipsania y casarse con Julia, hija de Octavio y recientemente viuda de Agripa. Esto fue un duro golpe para él, que amaba profundamente a su esposa y rehuia a la otra que frecuentemente se le había insinuado y perseguido. Cuenta Suetonio que en una ocasión se cruzó por la calle con Vipsania y fue tal la pena que sintió que no pudo evitar echarse a llorar, desde ese momento se juró no volver a verla nunca más.

Al morir Agripa, su hermano y él ascendieron en la linea sucesoria. Tiberio no era feliz en su nuevo matrimonio, las escapadas nocturnas de su esposa, sus infidelidades y la muerte de su único hijo durante la infancia, hicieron que se centrara aun más en su trabajo. Su carrera siguió ascendiendo y con la muerte de su hermano Druso (9 a. C.) se convirtió en un claro candidato a la sucesión, pero a Augusto no le terminaba de gustar. Se le concedieron los mandos de los ejércitos de Panonia y Germania, provincias muy inestables. Regresó a Roma y fue nombrado cónsul por segunda vez, se le concedieron poderes tribunicios y el control del Este, pero Tiberio no era feliz.

Cuando estaba a punto de tomar el control del Este y convertirse en el segundo hombre más poderoso de Roma, decide retirarse a Rodas. Nada se sabe con certeza de cuáles fueron los motivos de este retiro, unos dicen que fue porque no soportaba a su esposa ni sus costumbres libertinas y otros porque se sentía como el "heredero comodín", es decir, en cuanto los nietos de Augusto, los hijos de Julia y Agripa, alcanzaran la mayoría de edad, él sería relegado a un segundo plano. Fuese por lo que fuese, en su retiro en Rodas, Tiberio pudo vivir como un ciudadano más, recibía la visita de ciudadanos y filósofos, además de mantener correspondencia con Roma. Así se enteró del destierro de su esposa al enterarse su padre Augusto de sus liberales costumbres. Tiberio le escribió pidiendo clemencia para ella, pero nada cambió.

Estando Augusto gravemente enfermo, navegó Tiberio hacia Roma, pero llegando allí se enteró de que había sobrevivido y regresó a Rodas. Le escribió pidiéndole que le dejase volver a Roma, pero se lo negó. La muerte de Lucio en el año 2 permitió, gracias a la insistencia de Livia, que Tiberio volviese a la ciudad como ciudadano romano y nada más, pero la muerte del otro nieto, Cayo, obligó a Augusto a adoptar a Tiberio y este a su vez a su sobrino Germánico. Recibió poderes tribunicios y gobernaron conjuntamente.

En el año 14 murió Augusto, a los 76 años. Tiberio no dio a conocer su muerte hasta haberse asegurado la del joven Agripa (hijo adoptivo de Augusto), asesinado por uno de sus guardias supuestamente por orden de Octavio para evitar luchas por el poder después de su muerte.

Convocó al Senado para la lectura del testamento, pero nada más empezar a hablar se le cortó la voz y empezó a sollozar, después de mostrar a todos lo senadores la firma de Augusto en el testamento, un liberto comenzó a leer. "Habiéndome arrebatado la adversa fortuna a mis hijos, Cayo y Lucio, nombro a Tiberio César mi heredero por una mitad, más el sexto". De este modo confirmaba también que lo hacía más por necesidad que por su propio gusto. Aunque ni por asomo tenía en mente rehusar este nombramiento, se hizo de rogar un poco alegando la carga tan grande que se le venía encima y pidiendo que se le permitiese en algún momento de su vida retirarse para descansar en su vejez.

Desde el comienzo de su mandato tomó la precaución de no alardear de su título, no dejó que le llamasen Padre de la patria y decidió no adoptar el nombre de Imperator. Se condujo con tanta sencillez y moderación como un particular. Prohibió que le consagrasen templos, sacerdotes y flámines (trece Sacerdotes que sirven a una Divinidad determinada), y hasta que le hicieran estatuas sin su consentimiento. Prohibió: que fuesen colocadas entre los dioses, sino simplemente como adorno, que se jurase obediencia a sus actos y dar al mes de septiembre el nombre de Tiberio y al de octubre el de Livio. Solamente ejerció el poder consular tres veces: la primera, durante pocos días, la segunda, por tres meses; y la tercera, aunque ausente , hasta los idus (15)de mayo.

Tanta repugnancia sintió por la adulación que nunca permitió que ningún senador marchara junto a su litera para hablarle o saludarle y en una ocasión un ex cónsul para pedirle perdón intentó abrazarse a sus rodillas, Tiberio retrocedió con tanta rapidez que cayó de espaldas. Y cuando alguien le criticaba y se enteraba de los versos difamatorios que circulaban por la ciudad, se limitaba a decir que en una ciudad libre, la lengua y el pensamiento debían ser libres. De él se han conservado estas palabras:"Si alguno habla mal de mí. procuraré contestarle con mis acciones, y si continúa odiándome, le odiaré a mi vez." Devolvió al Senado todo el poder del que gozase en su día y no había asunto pequeño o mediano, público o particular del que no se diese cuenta al Senado. Se involucro en la vida de Roma, bajó los salarios que le parecía excesivos y subió los que le parecían bajos, los juegos del circo, el pescado, la higiene de las tabernas... y hasta en su casa, para dar ejemplo de economía, se comían las sobras del día anterior.

Poco a poco le cogió el gusto a eso de mandar y crear leyes para cualquier cosa como prohibir el besarse todos los días (para evitar contagios).
En los dos primeros años de reinado no salió de Roma y posteriormente se limitó a visitar las ciudades más cercanas. Cada año anunciaba que visitaría las provincias y el ejercito. Se hacían los preparativos, se retenían los carruajes, las ciudades y colonias se aprovisionaban para su visita... pero él nunca partía, por esta razón le llamaban Calípedes, histrión griego que corría por el teatro sin nunca avanzar más de un codo.
Pero cuando murieron sus hijos Germánico y Druso se retiró a la Campania ( región del sur de Italia) y muchos pensaron que nunca volvería a Roma y que sucumbiría en poco tiempo. En lo de no volver a la ciudad acertaron en lo otro no, sobrevivió a un desprendimiento de rocas que acabó con casi todos sus acompañantes, él sobrevivió contra todo pronostico. De allí viajó a la isla de Capri que le gustó mucho porque solo era abordable por un lado y por una entrada muy estrecha siendo todo lo demás muy escarpado.

Abandonó el cuidado del gobierno. Lejos de las miradas de Roma, dio rienda suelta a todos los vicios que hasta entonces había disimulado. Cuenta Suetonio que tenía una habitación destinada
a sus desórdenes más secretos, guarnecida de lechos en derredor. Allí, un grupo elegido de muchachas, de jóvenes y de disolutos que habían inventado monstruosos placeres y a los que llamaba sus "maestros de voluptuosidad", se unían en triple cadena y, entrelazados de esta manera, fornicaban en su presencia para despertar, por medio de este espectáculo, sus lánguidos deseos. Tenía además diferentes cámaras diversamente arregladas para estos placeres, adornadas con cuadros y bajorrelieves lascivos, y llenas de libros de Elefántide (poetisa autora de una obra pornográfica), con objeto de tener en la acción modelos que imitar. Cuenta también que había enseñado a niños de tierna edad, a los que llamaba sus pececillos, a que jugasen entre sus piernas en el baño, excitándole con la lengua y los dientes, y también que, a semejanza de niños grandecitos, pero en lactancia aún, le mamasen los pechos.

En este retiro cultivó el odio contra los suyos, primero contra su hermano Druso, luego contra su esposa Julia que aunque su exilio se extendía a toda una ciudad, él mandó que no la dejasen salir de casa ni ver a nadie y le retiró la pensión que le había dejado su padre. Su madre se volvió odiosa para él, imaginándose que quería ser partícipe en el poder. Terminó por no querer ni verla, incluso cuando ya estaba moribunda, haciéndose esperar muchos días para sus funerales.

Se creía por encima del bien y del mal y llevó a la muerte o la ruina a todo aquel que se le antojaba. No había día sin condena y como estaba prohibido condenar a muerte a las vírgenes, el mismo verdugo las violaba y luego las ejecutaba.
Solo en dos ocasiones intentó volver a Roma, pero en ambas no llegó a pisar tierra, se volvía antes de llegar.

Murió en el año 37, a la edad de 77 años. Su muerte fue recibida con entusiasmo entre el pueblo romano, que quería hacerse con el cadáver para tirarlo al Tíber. Su sucesor sería Calígula, hijo de Germánico.

3 comentarios:

reinasinespejo dijo...

Madre mía, vaya pieza terminó siendo Tiberio. No me extraña que quisieran tirarle al río.

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noticiasjornaistv dijo...

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Marcelo dijo...

Y después vendría Calígula!