Leonor de Aquitania

Hoy voy a hablar de una mujer sin par. Revolucionó las cortes francesas e inglesas al llegar a ellas rodeada de trobadores, músicos y danzarines, instaurando en ambas cortes lo que se conocía como "amor cortés" que consistía en que un caballero se ponía bajo la protección de una dama a cambio de una prenda, todo ello rodeado de un enamoramiento platónico y de una completa sumisión a la idealizada amada.Todo ello en pleno siglo XII. Se trata de Leonor de Aquitania, sí, ya existía ese nombre antes de que los príncipes se lo pusieran a la infanta. Una mujer que hizo lo que le dio la gana, a la que se la relacionó con su propio tío con el que compartía aficiones y casi edad, con el mismísimo Saladino, aunque en las fechas en las que ella andó por Jerusalén él contaba solo 12 años y hasta fue tan moderna para su época que se divorció y al poco se casó con un chaval de 19 años, diez menos que ella, de muy buen ver por lo que cuentan, con el que tuvo ocho hijos, entre ellos Juan Sin Tierra y el archiconocido Ricardo Corazón de León. Bueno, esto solo es el comienzo, vamos a adentrarnos en la vida de Leonor más detalladamente.

Nació en Poitiers en 1122, hija de Guillermo X, duque de Aquitania, y Leonor de Chattellerault, se convirtió en heredera al morir su único hermano varón y al morir su padre heredó el inmenso ducado que iba desde Loira hasta los Pirineos siendo mayor que las posesiones del rey de Francia.

Con 15 años se casa con Luis, futuro Luis VII, un año mayor que ella. Ese mismo año se convierten en reyes. Los caracteres de ambos eran totalmente opuestos, ella criada en la libertad, en la alegría, la música y el baile y él en la austeridad y el catolicismo más absoluto y reprimido. A los 8 años (!!!) tuvieron a su primera hija María. Fue dúramente criticada por el clero e incluso por su suegra (estas suegras!!) pero nada de ello le importaba a Luis que estaba loco por su mujer.

Diez años después, viajan a la Segunda Cruzada y ya en Antioquía se reencuentra con su tío y antiguo tutor Raimundo de Poitiers, príncipe de la ciudad. La estrecha relación entre ambos, la complicidad, las escapadas a caballo vuelven loco de celos a Luis que la obliga a regresar a Francia con él aunque parten por separado, eso sí, primero se le adjudicó un encuentro secreto en Tierra Santa con Saladino que, como dije anteriormente, solo contaba 12 años. De regreso pararon en Roma donde el Papa intenta mediar entre la pareja. Fruto de este acercamiento nace su segunda hija Alix. Pero la pareja estaba definitivamente rota y en 1152 consiguen la anulación del matrimonio alegando consanguinidad en noveno grado, causa más elegante que la propuesta por Luis infidelidad de su mujer. Ella conservaría todos sus territorios y no podría volver a casarse antes de un año.

Pocos días después llega a la corte el que sería Enrique II de Inglaterra con su padre, los cuales rendían vasallaje al rey de Francia. Leonor, de veintinueve años, en vez de fijarse en el padre, más cercano a su edad, se fija en el hijo, de diecinueve. Ambos se enamoran y se casan dos meses después. De este modo se formaba el llamado Imperio Angevino en el cual los reyes de Inglaterra, aun siendo vasallos del rey de Francia, controlaban un territorio ocho veces superior al dominado por Luis VII. Tubieron cinco hijos y tres hijas.

Pero no todo fue bonito porque Enrique era aficionado a las amantes, lo que provocó que Leonor enemistara a sus hijos contra su padre. Leonor fue encarcelada por su marido hasta la muerte de éste, convirtiéndose en regente de todos sus dominios hasta la vuelta de su hijo Ricardo. Cuando éste volvió de las Cruzadas, Leonor se retiró a una abadía y cuando murió, volvió a salir de su retiro para reclamar el trono para su hijo Juan.

Con ochenta años, atraviesa los Pirineos y viaja hasta Castilla para elegir entre sus nietas Urraca y Blanca a la que sería reina de Francia al casarse con Luis VIII. Suponiendo que nadie en Francia sería capaz de pronunciar el nombre de Urraca, la elegida fue Blanca una de las reinas de Francia más célebres.

Murió a los 82 años, terminando así una vida plena. Fue sepultada junto a su hijo Ricardo y su esposo Enrique en la Abadía de Fontevrault.

Existe una anécdota de un joven, haciendo uso del "amor cortés", se puso bajo la protección de Leonor, esta le dio como prenda una camisa pero le pidió que en el torneo solo llevara eso puesto, la camisa. Él le pidió a cambio que si caía herido ella misma le curara las heridas, a lo que ella accedió. Efectivamente, el joven cayó herido y ella le curó las heridas. Lo anecdótico y fuera de lugar, más en aquella época, fue que en el baile que se celebró aquella misma noche Leonor bajó únicamente vestida con la camisa manchada de sangre del joven, lo que provocó el enfado y los celos de su por entonces marido Luis.