Tiberio y su sentido del humor.

Hace unos días terminé de leer una novela sobre la vida de este emperador, "Tiberio, las memorias del emperador" de Allan Massie. En ella me he encontrado con un hombre que no es feliz, que está asqueado del poder, de los abusos y la falsedad de la gente. Cuando llega al colmo de la infelicidad decide retirarse a Capri, manteniendo contacto con Roma a través de terceras personas. La idea de que estas personas hicieran correr los rumores a cerca de las supuestas costumbres depravadas del emperador en la isla no es muy descabellada. La mayoría de los investigadores modernos da como falsas las actividades que Tiberio desarrolló en su retiro, aunque Suetonio y Tácito son unánimes al referirse a ellas, creando así una leyenda negra sobre él. En esta novela no he encontrado rastro de maldad, si no simplemente actos en defensa propia y en beneficio de Roma. Si mandó ejecutar a familiares, si los mandó desterrar fue siempre porque estaban tramando algo en contra de su vida.

En fin, qué sabe nadie, como diría el cantante. Ha quedado constancia de una anécdota ocurrida al emperador recién llegado a Capri. Un pescador quiso regalarle un gran salmonete que había pescado, se presentó por sorpresa subiendo por la parte más escarpada de la isla. Fue tal el susto que se llevó Tiberio, que mandó restregarle el pez por la cara. El pescador comenzó a felicitarse por no haberle llevado una langosta. Acto seguido mandó buscar una y le hicieron lo mismo.

No tuvo que ser agradable para el pobre pescador, pero en este doloroso acto, se puede ver que el emperador Tiberio no carecía de sentido del humor.