Trajano y el papa Gregorio Magno.

Mucho se ha hablado de si el emperador Trajano fue perseguidor o no de los cristianos y nadie se pone de acuerdo. Lactancio dice que no, pero Orodio y san Agustín afirman lo contrario. En una carta a Plinio, cuando éste era gobernador de Bitinia, Trajano le ordena no persequir sistemáticamente a los cristianos, aunque sí atender las denuncias particulares que sobre ellos se presentasen, osea como a cualquier ciudadano más.

Sabemos que hubo algunos mártires en su época, pero no sabemos si la responsabilidad de estos martirios es de Trajano o de los gobernadores provinciales.

Probablemente, la leyenda que cuenta que el Papa Gregorio Magno salvó el alma de Trajano con sus súplicas es producto de tales dudas. ¿Cómo un hombre tan justo y tan admirado, considerado Optimus Princeps no sólo en su época sino también muchos siglos después, podía haber perseguido a los cristianos? Era necesario integrarlo en el grupo de emperadores no perseguidores, para hacer valer la ecuación emperador bueno igual a emperador no perseguidor, que tan sabiamente introdujo Lactancio en su "Sobre la muerte de los perseguidores". La leyenda refiere que, ante los rezos del Papa, una voz divina se le apareció en sueños diciendo: “He escuchado tus súplicas y perdono a Trajano; pero guárdate en adelante de pedirme por los impíos”.

Visto lo visto, y lo que nos quedará por ver, poco ha cambiado la iglesia de antes y la de ahora. Si antes se perdonaba a los emperadores romanos por conveniencia histórica ahora se anulan los matrimonios eclesiasticos de personajes de la prensa rosa y la aristocracia. Qué le vamos a hacer, los negocios son los negocios.

Diógenes de Sínope. Anécdotas.

Estando yo en segundo o tercero de la antigua E.G.B (educación general básica), teníamos un libro de lectura. En él había historias maravillosas, sobre todo para una niña de 8 años, estaba la de Ulises y como consiguió engañar al cíclope y escapar con sus hombres de la cueva tapados con las pieles de las ovejas, y la de un antiguo rey español, Don Rodrigo, aunque esta la recuerdo más difusa. Una de las historias que más me asombraron y divirtieron fue la del encuentro del personaje que me trae hoy aquí con Alejandro Magno, aun hoy la recuerdo y he querido compartirla.
Diógenes (413-327 a C. aproximadamente), también conocido como Diógenes el del tonel, era filósofo de la escuela Cínica y, por lo que he leído sobre él, todo un rebelde. Despreciaba la geometría y la música, su ideal de vida era una vida solitaria, desnudo y con un tonel como única vivienda, renunciando a toda comodidad que la sociedad de la época pudiese tener. Despreciaba el lujo y criticaba las diferencias sociales, mirando con indiferencia a los poderosos. Y así, con esta indiferencia, se encontraba un día tomando el sol plácidamente apoyado contra su adorado tonel-casa. De pronto sintió que algo se interponía entre él y el astro rey, abrió los ojos y se encontró con un apuesto joven:


-"Yo soy Alejandro Magno". -dijo el joven-


-"Y yo Diógenes el cínico". -respondió el filósofo-


-"¿Puedo ayudarle de algún modo?


-"¿Puedes apartarte para no quitarme la luz del sol? No necesito nada más.


Dicen que Alejandro quedó tan impresionado por la respuesta de aquel hombre que se marchó diciendo: "Si yo no fuera Alejandro, querría ser Diógenes". Según la tradición, murió en Corinto el mismo día que Alejandro.

Un día se encontraba comiendo lentejas cuando apareció frente a él el filósofo Aristipo, que vivía confortablemente de hacerle la pelota al rey. Éste le dijo que si aprendiera a ser sumiso al rey no tendría que comer esa basura de lentejas, a lo que Diógenes respondió: "Si hubieras aprendido tú a comer lentejas, no tendrías que adular al rey"

Tenía por costrumbre caminar por Atenas a plena luz del día con una lampara encendida, cuando alguien le preguntaba el por qué, él respondía: "Busco un hombre honesto sobre la faz de la Tierra".

En la ocasión en que fue secuestrado por piratas y puesto a la venta como esclavo le preguntaron qué sabía hacer, respondió: "Mandar, comprueba si alguien quiere comprar un amo".

En otra ocasión lo invitaron a una lujosa mansión, advirtiéndole antes de entrar no escupir en el suelo, acto seguido le escupio al dueño en la cara aludiendo que no había encontrado un sitio más sucio donde hacerlo.

Después de leer estas y más cosas que he ido encontrando, me reafirmo en un dicho popular: "No es más rico el que más tiene sino el que menos necesita"