Trajano y el papa Gregorio Magno.

Mucho se ha hablado de si el emperador Trajano fue perseguidor o no de los cristianos y nadie se pone de acuerdo. Lactancio dice que no, pero Orodio y san Agustín afirman lo contrario. En una carta a Plinio, cuando éste era gobernador de Bitinia, Trajano le ordena no persequir sistemáticamente a los cristianos, aunque sí atender las denuncias particulares que sobre ellos se presentasen, osea como a cualquier ciudadano más.

Sabemos que hubo algunos mártires en su época, pero no sabemos si la responsabilidad de estos martirios es de Trajano o de los gobernadores provinciales.

Probablemente, la leyenda que cuenta que el Papa Gregorio Magno salvó el alma de Trajano con sus súplicas es producto de tales dudas. ¿Cómo un hombre tan justo y tan admirado, considerado Optimus Princeps no sólo en su época sino también muchos siglos después, podía haber perseguido a los cristianos? Era necesario integrarlo en el grupo de emperadores no perseguidores, para hacer valer la ecuación emperador bueno igual a emperador no perseguidor, que tan sabiamente introdujo Lactancio en su "Sobre la muerte de los perseguidores". La leyenda refiere que, ante los rezos del Papa, una voz divina se le apareció en sueños diciendo: “He escuchado tus súplicas y perdono a Trajano; pero guárdate en adelante de pedirme por los impíos”.

Visto lo visto, y lo que nos quedará por ver, poco ha cambiado la iglesia de antes y la de ahora. Si antes se perdonaba a los emperadores romanos por conveniencia histórica ahora se anulan los matrimonios eclesiasticos de personajes de la prensa rosa y la aristocracia. Qué le vamos a hacer, los negocios son los negocios.