Espartaco contra Roma.

     Con la Semana Santa reciente donde, como cada año, nos bombardean con las típicas películas de esta época, yo quiero rescatar a un personaje que me llama mucho la atención. Estoy hablando de Espartaco, un esclavo de origen Tracio que consiguió formar un ejercito y poner en serios apuros al todopoderoso imperio romano.
     Su nombre (Spartacus o Spartakus) es de origen tracio y está relacionado seguramente con el antiguo y belicoso pueblo de los sparti. No obstante, no parece ser éste el verdadero nombre del personaje, sino más bien su nombre de gladiador. Los mismos romanos, después de tres años de campaña, crearon una imagen de Espartaco que le convertía en un grandísimo general, en una especie de nuevo Aníbal que despertó incluso cierta admiración entre sus adversarios. Plutarco decía de él que poseía no sólo gran coraje y fuerza física, sino también una inteligencia y cultura superiores a las que se podía esperar de un personaje de su condición. Siglos después, Karl Marx consideraba a Espartaco el "genuino exponente del proletariado antiguo" y según Lenin, habría sido el héroe de una de las más grandes revueltas serviles de la historia.
     Todo comenzó en una escuela de gladiadores de Capua, un día del año 73 a. C., cansados de la férrea disciplina que debían afrontar, un grupo de luchadores se rebeló contra el destino que otros les habían marcado: matar o morir. Ese día comenzó una aventura que se haría legendaria. Espartaco, pues, no era exactamente un esclavo, o al menos es bastante dudoso que lo fuese ateniéndonos a lo que conocemos de su vida. Soldado de un pueblo tracio tributario de Roma, desertó del ejercito para convertirse en salteador de caminos. Nada se sabe de cómo llegó a gladiador, aunque no es inverosímil suponer que fuese el resultado de un pacto con las fuerzas del orden para redimir sus crímenes. Entre los gladiadores de la época, los tracios eran considerados los más valientes, hasta el punto que "tracio" se usaba a menudo como sinónimo de buen gladiador.
     El hecho que provocó esta sublevación, tuvo lugar en Capua, la ciudad más importante de la Campania, en la escuela de gladiadores de Cneo Léntulo Baciato. Unos setenta luchadores se rebelaron contra su disciplina. Los cabecillas de la revuelta eran al menos tres: Espartaco, de procedencia tracia, Criso y Enomao, problablemente de origen galo.
     Pronto se les unieron otros compañeros y, antes de huir a la desesperada, se procuraron el mayor número de armas posible. Además de las que empuñaban en el momento de la revuelta, atacaron unos carros con armas destinadas a otras escuelas de gladiadores y desarmaron a algunos grupos de soldados asaltados por sorpresa. Luego, para alejarse lo más posible de Capua, de Roma y de la vía Apia, que unía ambas ciudades, el grupo se dirigió hacia el sur, distanciándose al máximo de los destacamentos que pudiesen salir en su presecución. Es natural, por tanto, que para reorganizarse se encaminasen a la montaña más agreste de la zona, el Vesubio.
     El primer grupo de rebeldes era de la galia Transalpina, Germania y Tracia. Pertenecían a naciones que todavía no habían sido sometidas al dominio romano. A esto se debe añadir que no se trataba de simples esclavos, sino hombres excepcionales: gladiadores. Encontrar individuos aptos, con el físico, el coraje y también la inteligencia necesarios para ese "oficio" no era tarea fácil, y menos fácil aun era entrenarlos, enseñarles las artes y astucias de la profesión, y prepararlos para salir a morir en la arena del circo. Salvando las distancias, por aptitudes físicas y entrenamiento, se podrían comparar a los actuales deportistas de élite.
     Desde un primer momento, los movimientos de Espartaco adquieren sentido no como acciones de guerra planificadas, sino más bien como acciones de guerrilla o bandolerismo, muy hábiles y dictadas por la necesidad de la supervivencia. Sus seguidores, pues, no formaban un ejército convencional. Que se sepa, Espartaco no realizó leva alguna, ni ocupó ciudades o puntos fortificados para asegurarse el abastecimiento o para reorganizarse. Más bien da la impresión que el llamado "ejercito" de Espartaco vagaba sin tregua por campos y montes, probablemente en bandas separadas, cada una de ellas ocupada en saquear una zona determinada.
     Fue probablemente en el vesubio donde la personalidad de Espartaco se afirmó como lider por encima de la de sus compañeros de fuga.
     A estos rebeldes, no se les hace la guerra, sino que se les caza sin piedad. Por tanto, los romanos improvisaron algunas escasas tropas mal instruidas porque creían que no sería necesario realizar auténticas acciones bélicas, sino tan sólo perseguir y exterminar a una banda de maleantes. El primero que llegó al refugio de él Vesuvio fue Clodio Glabro, con tres mil hombres. Debía cerrar la única vía de salida hasta que llegara el prétor al mando. Pero los rebeldes, haciendo gala de su preparación atlética, consiguieron escapar por los acantilados mediante unas escaleras improvisadas con vides entrelazadas y se lanzaron sobre el pampamento de Clodio por la retaguardia. Los soldados se dieron a la fuga.
     Esta inesperada victoria debió de causar una gran impresión entre los pastores y los campesinos de la región, tanto libres como esclavos. Fue así como el contingente de Espartaco obtuvo sus primeros refuerzos; gente no apta para un encuentro frontal con los legionarios, pero muy apropiada para una guerra de guerrillas. Cuando llegó el pretor le fue relativamente fácil a Espartaco obligarlo a dividir sus fuerzas y atacarlas por sorpresa.
     Espartaco y su improvisado ejercito siguieron avanzando por toda la Campania aumentando en número de hombres libres como esclavos, saqueando los pueblos de la región. El grupo de Espartaco tendría unos treinta mil hombres y el de Criso unos diez mil, Enomao murió en una contienda anterior. Ante la fuerza de Espartaco, Roma se ve obligada de una vez a tomarlos como una seria amenaza y lanza contra ellos los ejercitos de los dos cónsules, las máximas autoridades civiles y militares de la República, Lucio Gelio Publícola y Cneo Léntulo Clociano. La buena preparación y el conocimiento militar dan como resultado la primera derrota para Espartaco, el mismo Criso y veinte mil de los suyos murieron en el combate, mientras que el resto consiguió reunirse con espartaco, que remontaba la costa adriática. A pesar de este revés, Espartaco continuó hacia el norte, evitando enfrentarse en una batalla campal a Léntulo y gelio, a los que causó importantes pérdidas en diversas escaramuzas.
     Llegó hasta Módena y, como exequias en honor de Criso, organizo una lucha de gladiadores entre trescientos prisioneros romanos. Allí derrotó a Cayo Casio, pero en vez de continuar hacia el norte, volvieron hacia el sur. Fracasados los intentos por detenerlo de Léntulo y Gelio, el Senado empezó a ver en el gladiador tracio a un nuevo Aníbal y empezó a correr el rumor de que, como el cartaginés, Espartaco pretendía marchar sobre Roma. Ante ello, el Senado decretó medidas excepcionales. Se procedió a conceder poderes extraordinarios al frio y ambicioso pretor Marco Licinio Craso, conocido por su falta de escrúpulos y su brutalidad. Después de una de los primeros enfrentamientos contra el gladiador, muchos de los soldados huyeron, para restablecer la disciplina, delente del resto del ejercito ejecutó por sorteo a cincuenta legionarios elegidos entre un grupo de quinientos. Restablecida su autoridad, en la primavera del año 71 emprendió una fulgurante campaña contra Espartaco, que había invernado en la Lucania. Su intención era alejarlo de Roma y derrotarlo antes de que los refuerzos romanos procedentes de Hispania y Oriente pudieran disputarle los honores de la victoria. Pero con esta maniobra lo único que consiguió fue empujar a Espartaco hacia el Bruttium (actual Calabria al sur de Italia), con el peligro de que pasase a Sicilia. Pero los piratas cilicios con los que Espartaco había acordado el pasaje le traicionaron y huyeron con el pago establecido. Acorralado Espartaco en el extremo meridional de la Península, Craso puso en practica su peor táctica: levantó un muro de unos 55 kilómetros entre el mar Jónico y el Tirreno (porción del Mediterraneo que se extiende al oeste de la península italiana y entre Córcega y Cerdeña) para encerrar a los rebeldes en el extremo meridional del Bruttium. Obviamente, Espartaco no se quedó de brazos cruzados y en cuanto tuvo oportunidad concentró un tercio de sus fuerzas en uno de sus puntos y lo atravesó con facilidad.
     A estas alturas de la contienda, Roma, desconfiando cada vez más de la capacidad de Craso para terminar con Espartaco, reclamó el retorno inmediato de Pompeyo, que se hallaba en Hispania, donde había derrotado a un antiguo senador rebelde, Sertorio. El general romano desembarcó en Etruria y se dirigió a toda prisa hacia el sur. Temeroso de perder su oportunidad de alcanzar la gloria, Craso persiguió con saña a los rebeldes y dio cuenta de un nutrido grupo de galos dirigidos por Castro y Canico. Por su parte, Espartaco derrotó y puso en fuga a las tropas de Quincio, un oficial de Craso y del cuestor Scrofa.
     La situación de los rebeldes era delicada tanto si decidían ir hacía el norte, donde coincidirían con Pompeyo, como si decidían permanecer en el sur donde Craso caería sobre ellos. Espartaco decidió la ruta de la Apulia (Corresponde al "tacón" de la forma de "bota" que tiene la península Itálica), pero, para desgracia suya, en aquellos días desembarcaba en Brindisi Marco Terencio Varron Lúculo, procónsul de Macedoria, reclamado también por Roma para acabar con los rebeldes. A Espartaco no le quedó otra opción que deternerse y dar batalla a Craso.
     No se sabe exactamente dónde se dio la última batalla entre Espartaco y Craso: si en Lucania, en la desembocadura del Sele, o tal vez en Apulia, no lejos de Brindisi. Antes del enfrentamiento, Espartaco se habría hecho traer su caballo y, ante la mirada atónita de los que le rodeaban, lo habría matado con su espada diciendo: "Si venzo, tendré muchos: los del enemigo; si pierdo, no necesitaré caballo alguno".
     Aunque esta vez el jefe rebelde llevó la iniciativa, la victoria fue para Craso. Según Plutarco, Espartaco se precipitó en medio del tumulto, allí donde el combate era más intenso, en busca de Craso y, al no encontrarlo, mató a dos centuriones que le atacaron. Cuando en torno suyo empezó a producirse la huida, fue rodeado por un gran número de enemigos y abatido, mientras se defencía a pie firme. Apiano, en cambio, cuenta que Espartaco fue herido en el muslo por una jabalina. Entonces, caído de rodillas y sin escudo, resistió hasta que fue muerto. Añade además que su cuerpo nunca fue hallado. Ambos relatos tienen el aura del final deseado por todo guerrero; morir heroicamente en combate. Tampoco hay que descartar que Espartaco lograse huir como tantos otros de sus seguidores. En la denominada "Casa del sacerdos Amandus", de Pompeya, se halló una pintura en la que un guerrero a caballo identificado como "Spartaks", herido en el muslo, es perseguido por otro jinete, que lo alcanza y le da muerte; algunos investigadores consideran que las imágenes representan la batalla final entre Espartaco y Craso.
     La tradición dice que sobre el campo de batalla murieron no menos de sesenta mil rebeldes. Es más probable que la cifra sea exagerada y que muchos de los hombres de Espartaco pudieran huir. La mayoría de ellos tomó la ruta del norte, por lo  que cayeron en manos de Pompeyo. Otros se desperdigaron por el Bruttium y hasta el año 62 a.C. los romanos no consiguieron atrapar y aniquilar a los últimos grupos de rebeldes.
     Despues de la victoria, Craso, en vez de perseguir al enemigo vencido que huía hacia el sur, se dirigió a Roma para reclamar los honores del triunfo, no sin antes crucificar a seis mil prisioneros a los largo de la vía Apia, entre Capua y Roma. No obstante, considerando el Senado que una victoria contra esclavos y gladiadores era deshonrosa, sólo le concedieron un reconocimiento menor, la ovación, a diferencia de Pompeyo, que entró triunfalmente en Roma por haber vencido a Sertorio y haber aniquilado el resto del ejército de Espartaco.

   Fuere como fuere, debo admitir que esta semana santa volví a ver la película "Espartaco" y cuando llega el momento en que Craso se dirige al grupo de esclavos exigiendoles que le digan quién es Espartaco y todos empiezan a responder uno por uno: "Yo soy Espartaco", "Yo soy Espartaco". No puedo evitar sentir una emoción enorme.