Noche mágica, noche de brujas... 31 de octubre.

Desde la antigüedad todo lo relativo a la muerte ha estado rodeado de un halo de misterio y magia. Aun hoy cuando se acerca el día de los difuntos lo comprobamos por donde quiera que vayamos: pasteles especiales para este día, multitud de flores y cómo no Halloween.
La fiesta de Halloween se ha ido instalando en nuestras ciudades y poco podemos hacer ya para resistirnos, los niños tiran de nosotros y nos vamos adaptando a las nuevas modas.
Al acercarse el día de los difuntos quiero recoger en mi blog algunos mitos, leyendas y personajes tanto mitológicos como de la tradición popular, esas historias que me impresionaron de pequeña y hoy me fascinan por su encanto y misterio. Espero que os gusten.

Caronte, el barquero de la laguna Estigia

Según la mitología griega, cuando alguien moría debía cruzar la laguna Estigia, para ello necesitaban la ayuda del barquero, Caronte. Destinado para tal fin. Caronte trasportaba las almas de un lado al otro de la laguna a cambio de una moneda, si el difunto había sido enterrado sin ella éste los rechazaba y quedaban atrapados entre los dos mundos. Por ello en la antigua Grecia,  tan arraigada estaba la creencia de que se encontrarían ante la laguna Estigía y tendrían que pagar su pasaje, que cuando se incineraba a la gente o bien se le ponían dos monedas, una en cada ojo, o bien una en la boca. Caronte conduce la barca fúnebre, pero no la rema, ya que son las propias almas quienes se encargan de ello. Su trato para con ellas es tiránico y brutal.

Tradiciones:

En determinados lugares de Castilla existe la creencia de que los difuntos salen de sus tumbas la noche del 2 de noviembre y maltratan a los vivos que se han atrevido a salir a la calle. En Zamora sigue viva la tradición de la procesión de las ánimas, en la que la cofradía del mismo nombre desfila la noche del 2 de noviembre por las calles del cementerio mientras se reza el rosario a la luz de las velas. Ese día, en Galicia, las ánimas asisten a los sufragios de Difuntos que se celebran en las parroquias.

En Alicante hay una superstición que consiste en poner velas encendidas en las casas durante los días previos a la noche de Difuntos, para que las almas encuentren su camino.
En Tajuelo, en la provincia de Soria, se lleva a cabo el Ritual de las Ánimas al anochecer del día 1 de noviembre. El toque de muertos de las campanas acompaña al vecindario durante todo el proceso. Hay tres grupos: casados, solteros y resto de población. Los dos primeros grupos son los protagonistas principales puesto que son los encargados de ir cantando, salteándose las estrofas, el llamado Cántico de las Ánimas que leen a la luz de las velas en cuatro enclaves de la localidad. Al terminar cada Cántico todos rezan un padrenuestro que inicia el párroco, rezo en el que son acompañados por el tercer grupo que presencia a unos metros a los dos coros y que portan sobre las manos velas protegidas por botes, calabazas o cacharros de barro agujereados.
Al término de cada Cántico resuena por tres veces la campanilla y al finalizar el ritual, el sacristán reparte bollería y vino entre los asistentes.
Lo que no se puede negar es que en España la festividad se ha convertido en un recordatorio de quienes se fueron y en un disfrute de los paladares de los que seguimos aquí: huesos de santo y buñuelos (en toda España), postre de gachas (en Jaén), castañas asadas (en Galicia y Castilla), arrope y calabazate (en Murcia), rosquillas de anís y patatas asadas (en Salamanca), arroz y talladetes (en Alicante), borrachillos (en Andalucía), panallets ( en Cataluña) y rosaris (en Mallorca) son sólo algunos ejemplos de lo que se cuece por estas fechas.

En México y en muchos paises latinos, se tiene la costumbre de visitar los sepulcros y realizar actividades cuasi-festivas: se ornamentan los camposantos; se rinde culto al árbol de la vida; se consumen calacas de azúcar o cabezas de esqueletos que llevan en la frente el nombre de quien recibe el obsequio y, finalmente, se recuerda a los familiares.


La procesión de las Ánimas

La Procesión de las Ánimas, o la Santa Compaña, era como una procesión de almas en pena, vestidas con túnicas con capucha que vagaban durante la noche. Normalmente iban en dos hileras, generalmente envueltas en sudarios, por lo tanto vestidas de blanco o de negro, con las manos frías y los pies descalzos, vagaba noctámbula por los cerros, deambulaba por los caminos, portaban algo en sus manos: una luz, una vela, un candil, incluso huesos encendidos o pequeñas campanas que iban tañendo, un olor a cera y un ligero viento eran las señales de que estaba pasando la legión de espectros. Al frente iba un espectro de mayor tamaño. Cuentan que delante de todos ellos caminaba un vivo que portaba  una cruz y un cubo de agua bendita. Si alguien tenía la mala suerte de tropezarse con esta tétrica compañía, se veía obligado a sustituir al vivo y continuar el camino con ellos hasta que se encontrasen con otro desgraciado que le sustituyese. Dicen que estas personas no recordaban nada de su deambular nocturno durante el día pero que tales salidas nocturnas le iban mermando en salud acabando finalmente formando parte de la comitiva de manera definitiva, osea que tal sin vivir lo llevaba a la muerte.
La Santa Compaña, se solía aparecer en una encrucijada o cruce de caminos aunque no siempre era así.

Se sigue con la idea de que quien se la encuentra es que le queda poco tiempo de vida; en ocasiones llevan un ataúd en el que va un familiar del que presencia el paso; el que va en el ataúd no tardará en morir.

Una leyenda que no puedo dejar de mencionar aquí pero que no puedo relatar, por ser muy extensa ya esta entrada, es una de Gustavo Adolfo Becquer titulada "El monte de las Ánimas". Es un relato escalofriante y tan descriptivo que parece escuchar el viento silvando a través de las puertas y ventanas.....