Trilogía Millenium, Stieg Larsson.

Bueno, ya casi me da apuro escribir después de tantos meses de ausencia bloguera. Por eso mismo he pensado hacerlo a lo grande y no hablando únicamente de una novela, no, sino de tres. Es mi pequeño homenaje a Stieg Larsson que espero que esté dónde esté pueda ver hasta donde han llegado sus novelas y su nombre. Un Van Gogh de nuestro tiempo que murió antes de poder disfrutar del éxito de su obra.
Dicen que la muerte es el olvido, yo desde aquí espero que se hable de ti mucho tiempo y que así vivas eternamente a través de tu obra.
Estas novelas son de esas que cuando te vas a dormir no puedes conciliar el sueño, te vienen los nombres de los protagonistas a la cabeza y la curiosidad de que ocurrirá unas páginas más adelante. Con el segundo estuve tan metida que decidí dejar de leer de noche porque cuando me iba a dormir solo hacía cavilar en lo que ocurriría después en vez de dormirme.

La primera novela de la saga se llama Millenium I: Los hombres que no amaban a las mujeres y trata sobre la desaparición de Harriet Vanger hace treinta y seis años sin dejar rastro. El caso está cerrado pero su tío Henrik Vanger, un empresario retirado, vive obsesionado con resolver el misterio antes de morir. Cada año en su cumpleaños recibe una flor seca y enmarcada, ya son 43, las primeras siete fueron regalos de su sobrina, las otras, llegaron de forma anónima desde que ella desapareció y desde lugares distintos del planeta.
Para intentar resolver el misterio, convence a Mikael Blomkvist, periodista de investigación, para que intente averiguar lo que le pasó realmente a Harriet, para ello contará con la colaboración inesperada de Lisbeth Salander, una menuda y peculiar investigadora, socialmente inadaptada, tatuada y llena de piercings pero con grandes dotes como hacker.

En la segunda novela, Millenium 2: La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina,  Lisbeth se toma un tiempo y se aleja de Mikael, que no entiende porqué ha desaparecido de su vida sin dar ningún tipo de explicación. Ahora él se encuentra inmerso en un reportaje apasionante sobre el tráfico y la prostitución de mujeres del Este.
Sin saber cómo ni por qué Lisbeth se encuentra en busca y captura por el asesinato de una pareja que da la casualidad están vinculados laboralmente con la revista de Mikael. Sus fotos están en todos los periódicos y sus huellas en el arma homicida...


La tercera novela es una continuación de la anterior y se titula Millenium 3: La reina en el palacio de las corrientes de aire, en la que el lector podrá conocer qué pasó con Lisbeth ya que en el libro 2 acabó con una bala en el cerebro. Desde el hospital, ella hace esfuerzos para mantenerse alerta, el peligro sigue acechándola y sabe que sus habilidades informáticas serán, una vez más, su mejor defensa.
Mientras tanto Mikael investiga las oscuras razones que están tras el complot contra Salander, sabe que no puede dejar en manos de la Justicia la vida y la libertad de Lisbeth, demasiada corrupción y demasiado empeño en dejar el pasado guardado en una carpeta con el nombre del padre de Lisbeth y su verdadera identidad.

Noomi Rapace (Lisbeth)
Maravillosas novelas e incluso maravillosas adaptaciones al cine de mano de la industria cinematografica sueca con actores suecos desconocidos y ahora nueva adaptación de mano del cine norteamericano con superestrellas. Una manera de rizar el rizo para intentar mejorar lo inmejorable, desde mi punto de vista, pero que al final comete el mismo error que la primera: en Millenium 1 se repite hasta la saciedad que Harriet Vanger era morena, a qué poner una actriz rubia, pues van los norteamericanos y repiten con otra rubia. En fin, sea como sea la nueva versión tengo que decir que mi Lisbeth tiene el rostro de Noomi Rapace.



Viriato, de pastor a líder.

Después de varios meses de sequía intelectual quiero retomar el blog hablando de un paisano mío: Viriato.

Viriato fue para los hispanos lo que Vercingétorix para los galos, con una significativa diferencia: Vercingétorix murió a manos de los romanos después de ser apresado, trasladado a Roma y desfilado en los triunfos de Julio César, Viriato murió a manos de sus propios compañeros mientras dormía. Empecemos pues a conocer un poco más cómo fue la vida de este pastor convertido en líder.

No se sabe con certeza ni cuándo ni dónde nació Viriato, unos que en Portugal otros que en España, lo que sí ha llegado a nosotros es la imagen que de él se formó convirtiéndole en leyenda, así, según Apiano, Viriato fue el líder «que mayores dotes de mando había tenido entre los bárbaros y el más presto al peligro atrevido (...) y el más justo a la hora del reparto del botín.», lo que hizo que durante los ocho años de guerra su heterogéneo ejército no se le rebelara jamás y fuera «el más resuelto a la hora del peligro».

Lo que en aquel entonces se conocía por Lusitania, comprendía gran parte de Portugal, Zamora, Ávila, Salamanca, Toledo y Extremadura.

En el 150 a. C. en plena conquista de Hispania, Servio Sulpicio Galba mandaba las tropas romanas que luchaban duramente contra la última resistencia lusitana. Viendo los lusitanos que sus tierras estaban en peligro se reunieron con los romanos para dialogar y llegar a un acuerdo. Todos los lusitanos fueron masacrados menos unos pocos, entre ellos Viriato.

Luchando a la defensiva durante años, era hora de atacar. Estando cercados en Turdetania (región que abarcaba el valle del Guadalquivir desde el Algarve hasta Sierra Morena) por Cayo Vetilio, Viriato se ofreció a sacarlos de la ciudad a cambio de que siguiesen sus órdenes, así fue como se convirtió en el líder. Se lanzó contra el ejército romano para retroceder cuando los romanos se preparaban para el combate. Aprovechando el desconcierto creado por la iniciativa los lusitanos pudieron romper el cerco por varios puntos simultáneamente. La victoria lograda por Viriato le dio el mando de la confederación de tribus y durante varios años lucharon a sus órdenes.

En los días posteriores continuaron usando esta táctica y acabaron matando al cónsul Cayo Vetilio. En las siguientes campañas vence a Cayo Plaucio, Claudio Unimano y C. Nigidio pero poco tiempo después aparece en escena Quinto Fabio Máximo Emiliano que con sus tropas y su experiencia militar obliga a Viriato a replegarse y perder parte del terreno ganado al sur de la península.

Viriato pone en marcha la diplomacia y consigue que varias tribus se unan a él y le declaren la guerra a los romanos. Viriato recupera el terreno perdido.

Llega Quinto Fabio Máximo Serviliano con tropas y elefantes lo que obliga a Viriato nuevamente a replegarse. Como hiciera un par de años atrás, convence a otras tribus para que se unan a él y luchen contra los romanos por la retaguardia, el ejército romano retrocede y Viriato ataca de nuevo. Serviliano se ve acorralado y Viriato aprovecha para sacarle un tratado de paz a cambio de su vida. Los romanos reconocen a Viriato como líder de los lusitanos y le otorgan el título de amigo del pueblo romano.

Poco después de dejar libre a Serviliano el Senado reconoce el acuerdo y formalmente firman la paz con el ejército lusitano en el año 140 a. C.

A pesar del acuerdo, los romanos querían desembarazarse de Viriato, y por eso, en el año138 a. C. sobornaron a Audax, Ditalcos y Minuros para que lo asesinaran. Y así, en su campamento, entre su gente, mientras dormía, fue asesinado Viriato. Cuando los traidores regresaron al campamento romano para recoger su recompensa, el actual cónsul Servilio Cepión, sucesor y hermano de Serviliano, les respondió: «Roma traditoribus non praemiat», o lo que es lo mismo, "Roma no paga a traidores".

Tuvo un magnífico funeral. Dice la tradición que los restos de Viriato fueron trasladados a Cuenca donde fue incinerado sobre el Tormo Alto de la "ciudad encantada". Tras esto sus cenizas fueron mezcladas con las de su mujer y esparcidas en la montaña por Marcial. Otra leyenda cuenta que Viriato fue incinerado en Azuaga (Badajoz), estando sus cenizas bajo el castillo de la localidad (El mirador de Viriato).

El sucesor de Viriato, Tautalo, fue obligado a firmar la paz. Finalmente el cónsul Marco Popilio Laenas entregó a los lusitanos las tierras que habían sido la causa de la larga guerra. Sin embargo, la pacificación total sólo se logró en tiempos de Augusto.