Viriato, de pastor a líder.

Después de varios meses de sequía intelectual quiero retomar el blog hablando de un paisano mío: Viriato.

Viriato fue para los hispanos lo que Vercingétorix para los galos, con una significativa diferencia: Vercingétorix murió a manos de los romanos después de ser apresado, trasladado a Roma y desfilado en los triunfos de Julio César, Viriato murió a manos de sus propios compañeros mientras dormía. Empecemos pues a conocer un poco más cómo fue la vida de este pastor convertido en líder.

No se sabe con certeza ni cuándo ni dónde nació Viriato, unos que en Portugal otros que en España, lo que sí ha llegado a nosotros es la imagen que de él se formó convirtiéndole en leyenda, así, según Apiano, Viriato fue el líder «que mayores dotes de mando había tenido entre los bárbaros y el más presto al peligro atrevido (...) y el más justo a la hora del reparto del botín.», lo que hizo que durante los ocho años de guerra su heterogéneo ejército no se le rebelara jamás y fuera «el más resuelto a la hora del peligro».

Lo que en aquel entonces se conocía por Lusitania, comprendía gran parte de Portugal, Zamora, Ávila, Salamanca, Toledo y Extremadura.

En el 150 a. C. en plena conquista de Hispania, Servio Sulpicio Galba mandaba las tropas romanas que luchaban duramente contra la última resistencia lusitana. Viendo los lusitanos que sus tierras estaban en peligro se reunieron con los romanos para dialogar y llegar a un acuerdo. Todos los lusitanos fueron masacrados menos unos pocos, entre ellos Viriato.

Luchando a la defensiva durante años, era hora de atacar. Estando cercados en Turdetania (región que abarcaba el valle del Guadalquivir desde el Algarve hasta Sierra Morena) por Cayo Vetilio, Viriato se ofreció a sacarlos de la ciudad a cambio de que siguiesen sus órdenes, así fue como se convirtió en el líder. Se lanzó contra el ejército romano para retroceder cuando los romanos se preparaban para el combate. Aprovechando el desconcierto creado por la iniciativa los lusitanos pudieron romper el cerco por varios puntos simultáneamente. La victoria lograda por Viriato le dio el mando de la confederación de tribus y durante varios años lucharon a sus órdenes.

En los días posteriores continuaron usando esta táctica y acabaron matando al cónsul Cayo Vetilio. En las siguientes campañas vence a Cayo Plaucio, Claudio Unimano y C. Nigidio pero poco tiempo después aparece en escena Quinto Fabio Máximo Emiliano que con sus tropas y su experiencia militar obliga a Viriato a replegarse y perder parte del terreno ganado al sur de la península.

Viriato pone en marcha la diplomacia y consigue que varias tribus se unan a él y le declaren la guerra a los romanos. Viriato recupera el terreno perdido.

Llega Quinto Fabio Máximo Serviliano con tropas y elefantes lo que obliga a Viriato nuevamente a replegarse. Como hiciera un par de años atrás, convence a otras tribus para que se unan a él y luchen contra los romanos por la retaguardia, el ejército romano retrocede y Viriato ataca de nuevo. Serviliano se ve acorralado y Viriato aprovecha para sacarle un tratado de paz a cambio de su vida. Los romanos reconocen a Viriato como líder de los lusitanos y le otorgan el título de amigo del pueblo romano.

Poco después de dejar libre a Serviliano el Senado reconoce el acuerdo y formalmente firman la paz con el ejército lusitano en el año 140 a. C.

A pesar del acuerdo, los romanos querían desembarazarse de Viriato, y por eso, en el año138 a. C. sobornaron a Audax, Ditalcos y Minuros para que lo asesinaran. Y así, en su campamento, entre su gente, mientras dormía, fue asesinado Viriato. Cuando los traidores regresaron al campamento romano para recoger su recompensa, el actual cónsul Servilio Cepión, sucesor y hermano de Serviliano, les respondió: «Roma traditoribus non praemiat», o lo que es lo mismo, "Roma no paga a traidores".

Tuvo un magnífico funeral. Dice la tradición que los restos de Viriato fueron trasladados a Cuenca donde fue incinerado sobre el Tormo Alto de la "ciudad encantada". Tras esto sus cenizas fueron mezcladas con las de su mujer y esparcidas en la montaña por Marcial. Otra leyenda cuenta que Viriato fue incinerado en Azuaga (Badajoz), estando sus cenizas bajo el castillo de la localidad (El mirador de Viriato).

El sucesor de Viriato, Tautalo, fue obligado a firmar la paz. Finalmente el cónsul Marco Popilio Laenas entregó a los lusitanos las tierras que habían sido la causa de la larga guerra. Sin embargo, la pacificación total sólo se logró en tiempos de Augusto.







1 comentarios:

reinasinespejo dijo...

Triste final el de Viriato.

Tu entrada me recuerda que desde el colegio no visito la "Ciudad encantada" y que tengo ganas de volver.